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Zuera, ausente de los Medios de Comunicación

diciembre 05 012 

 

Uno de los indicadores que mejor expresan el dinamismo, la energía y la vitalidad social y económica de un municipio es el reflejo que de su actividad queda registrada en los medios de comunicación no locales. Ya se sabe que el impacto o la onda expansiva de la información o de lo que llamamos noticias es inversamente proporcional al tamaño del ámbito territorial en el que queda enmarcada. Es decir que son múltiples los acontecimientos que pueden tener impacto informativo en los entornos pequeños y cercanos, pero dicho impacto va perdiendo intensidad a medida que nos alejamos del foco donde se ha originado. Esto viene a cuento de la más que notable ausencia que de un tiempo a esta parte vengo observando respecto al municipio de Zuera en los medios del espectro regional. Por supuesto, no me refiero a esa información de carril, estandarizada y de cuota que algunos medios atribuyen a los pueblos en general, sino a esa otra que viene a singularizarle frente al conjunto,  por cuestiones que pasan ahí, y no están sucediendo en otro lugar.

Los municipios pequeños acostumbran a aparecer en los medios de forma sistemática por dos o tres razones puntuales: las fiestas locales, los accidentes trágicos, y las catástrofes naturales, dependiendo siempre, en este caso, se su magnitud. En Aragón, por ejemplo, casi todos sus habitantes medianamente informados, saben que en Zuera existe una importante masa forestal, porque un año sin otro, se incendia. En realidad hay incendios casi todos los años, pero no todos ellos trascienden a la opinión pública porque, afortunadamente, son sofocados antes de que se propaguen. También existe un capítulo de lo que podríamos llamar “curiosidades”, pero esta categoría es aplicable a cualquier punto de la geografía y tampoco deja mucha huella en la retina ni del lector ni del telespectador.

Todo este tipo de situaciones casi convencionales  nos sitúan en el mapa, en un momento dado, pero nos aportan poco valor añadido: programas de fiestas, alcalde y damas de honor hay en todos los municipios, los incendios suelen producirse donde hay masa forestal y los accidentes, si hablamos de tráfico, son más frecuentes donde existe mayor afluencia de vehículos. Todo ello, por supuesto, es muy matizable, pero para entrar en detalles ya están las enciclopedias.

Pretendo llamar la atención sobre toda esa otra información que viene a significar una referencia en positivo de que la cosa funciona: la actividad empresarial, el desarrollo urbanístico, la vitalidad social, etc…,  u otro tipo de manifestaciones colectivas o particulares que por sus peculiaridades, su originalidad, su organización o simplemente por el esfuerzo que conllevan merecen ser reflejadas públicamente como testimonios de una realidad dinámica, creativa o vigorosa.

De todas las ausencias que observo, una de las que me parece más significativas por lo que pone en evidencia es la que se refiere a aquellas actuaciones que por su interés o su trascendencia e interés social, los Ayuntamientos están obligados a publicar en alguno de los “medios de mayor tirada de la región”: los anuncios oficiales. Procesos de transformación de suelo, concursos, subastas, modificaciones urbanísticas, etc…

Durante años, Zuera  ha mantenido una presencia intermitente, pero constante por este tipo de actuaciones en los medios de comunicación. Unas veces era simplemente el preceptivo anuncio como exponente de vitalidad, y en otras, era el contenido del propio anuncio (obra, concurso, etc..) lo que daba pie a que se generase la información. La presencia sostenida de este tipo de noticias daba lugar a que Zuera se fuese forjando ante la opinión pública una imagen de municipio “en marcha”, en transformación, en progreso. Y de esa impresión que tarde o temprano a todos nos llegaba revertida e incluso mitificada, todos creíamos salir beneficiados porque nos sentíamos partícipes y en cierta medida, autores y responsables de esa inercia transformadora.

Hoy, todo ese efecto expansivo que tanto contribuye a crear condiciones favorables tanto para los negocios como para las relaciones sociales e incluso personales, ha desaparecido por completo. Y como no faltará quien pretenda atribuir este verdadero estancamiento a los efectos maléficos e inevitables derivados de la crisis, me apresuro a manifestarme en desacuerdo con los que así piensen. Porque, desgraciadamente, las cosas nos son tan simples.

Quiero decir que en un momento como el  actual conviene extremar  al máximo, el rigor en los análisis de situación. Porque una cosa es el mundo de actividad económica o empresarial privada, cuyos sobrevivientes no levantarán cabeza hasta que los bancos (no, Zapatero) y la situación internacional den la venia,  y otra muy distinta es la iniciativa pública, que debería estar haciendo en estos momentos, un esfuerzo sobrehumano por intentar paliar, en la medida de lo posible, los efectos perturbadores de una situación que unos han generado y que, como siempre, otros están padeciendo. La crisis no tiene por qué afectar a las ideas.

Coyunturas adversas al margen, Zuera sigue disponiendo de un potencial social, patrimonial, económico y estratégico susceptible de  ser rentabilizado al margen del momento económico que se atraviese. Es más, es en las etapas como la actual cuando existen mayores posibilidades de salir al encuentro del futuro, porque las circunstancias generales invitan al retraimiento y la competencia decrece.

Claro está que para eso hay que tener proyectos, y la voluntad y la capacidad necesarias para  sacarlos adelante, porque en definitiva, son los proyectos quienes generan esa dinámica transformadora que al trascender reclama la presencia en esos medios de comunicación, de los que, como decíamos al principio, Zuera hace tiempo que está ausente.

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