A sample text widget

Etiam pulvinar consectetur dolor sed malesuada. Ut convallis euismod dolor nec pretium. Nunc ut tristique massa.

Nam sodales mi vitae dolor ullamcorper et vulputate enim accumsan. Morbi orci magna, tincidunt vitae molestie nec, molestie at mi. Nulla nulla lorem, suscipit in posuere in, interdum non magna.

Un paso adelante

Esta mañana oía en la radio a un colaborador, al parecer de alta titulación, que se decía sensibilizado con la crisis y que, sin embargo, no entendía por qué había en España tal número de parados, cuando en los países de nuestro entorno económico era muy inferior o, incluso, decía, gozaban de pleno empleo (?). A lo largo de su intervención he podido constatar que sus opiniones eran ramplonas, socorridas y prejuiciosas, impropias de un profesional cualificado que aspire, no ya a crear opinión, sino simplemente, a transmitirla con rigor e imparcialidad.

Sería aconsejable que la gente que no entiende o no se documenta antes de “largar”,  se abstuviese de hablar de realidades que desconoce, contribuyendo de esa forma a crear más confusión. Y esto al margen de la opinión personal que sobre el tema en cuestión se posea.

A poco atento que se esté a la situación por la que atraviesa el país, se sabe donde está el origen de nuestros problemas. Y no me refiero al tan manido como cierto asunto de las “sub prime” ni a la burbuja inmobiliaria.  Esas fueron las grietas a través de las cuales el barco comenzó a  hacer agua y fue cuando comenzaron las iniciales tareas de achique, cuando algunas voces llamaron nuestra atención sobre lo caduco de nuestro sistema de tracción: un sistema productivo anquilosado y viejo; muy poco competitivo, carente de espíritu  innovador y reacio a la  investigación; con una mano de obra deficientemente cualificada y una gran concentración de recursos financieros en sectores poco o nada generadores de valor añadido. Es decir, un sistema inadaptado a las grandes y rápidas transformaciones que está sufriendo el mundo.

Estos “conceptos generales” creo que han sido incorporados ya a las aulas, es decir, que el diagnóstico está hecho y ha sido desde hace tiempo comúnmente aceptado por todas las partes o agentes que entienden de estos temas. Lo cual quiere decir que, prácticamente, son del dominio público. Otra cosa son los remedios, que también se conocen, pero cuya aplicación sin embargo se ve inevitablemente (?) mediatizada por el juego político entre un gobierno que, es cierto que cometió  algunas equivocaciones a la hora de evaluar el calado de la crisis, y una Oposición que antepone su “sed de urnas” (léase, de poder) a los problemas generales del país, en la convicción de que el deterioro de los mismos favorece a sus intereses políticos…. Ya se sabe que la derecha  acostumbra a asociar o confundir sus propios intereses con los del conjunto del país.

El Acuerdo Social y Económico  que se ha firmado estos días entre el Gobierno, Sindicatos y  Empresarios constituye una buena noticia. Y lo es, fundamentalmente, no tanto por lo que soluciona, cuanto por las expectativas y el sentimiento de esperanza que puede generar de cara al futuro, en un marco social hoy invadido por la incertidumbre y el escepticismo. El intento de institucionalizar el diálogo, el entendimiento, y el pacto, como fórmulas e instrumentos de trabajo, se me antoja como un salto cualitativo trascendental, una toma de posición que millones de españoles veníamos reclamando al Gobierno y a las Instituciones y agentes representativos, desde que comenzamos a tomar conciencia de la magnitud del destrozo. Y es ésta, sin duda, la actitud y la estrategia más idónea para recorrer el arduo y duro camino que nos queda por recorrer. En la educación, en la formación, en la reordenación del sistema financiero –cuánta responsabilidad  tienen ellos- en el mundo empresarial… Y sin olvidarnos de los sindicatos que deben volver a encontrar su sitio en una sociedad y un sistema que, sencillamente, no es el mismo al de hace veinte años.

Los retos que tenemos por delante son de tal magnitud que exigen la sintonía del conjunto del país, al menos en la percepción de la gravedad o, si se prefiere, de  la trascendencia del momento por el que atravesamos. De momento, estamos todavía en una fase de aturdimiento, dentro de la cual oscilamos entre la propensión al desánimo o al cabreo. Hay que salir urgentemente de ese estadio y entrar en otro de consciencia tal, que obligue al gobierno, a los partidos políticos y a los agentes sociales en general a mirar conjuntamente hacia el futuro. Es decir, a mantenerse firmemente en esa nueva estrategia de consenso, que con el reciente Acuerdo parece iniciarse, y cuya firma ya ha comenzado a producir los primeros efectos terapéuticos.

,

Leave a Reply

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>