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Se está a tiempo

Las anteriores Corporaciones Municipales socialistas afrontaron el problema de las infraestructuras, los equipamientos y Servicios Públicos básicos, y sentaron las bases de un desarrollo razonable para el municipio. Ampliaron la oferta de suelo industrial y trazaron un urbanismo de vanguardia, apto para hacer frente al crecimiento demográfico, y modélico en lo concerniente al  interés general o público. Es decir, crearon las condiciones adecuadas para que las empresas privadas desplegasen  su actividad –industria, construcción, nuevos servicios- y, a la vez, facilitaron la incorporación de los nuevos zufarienses, de manera natural, como si verdaderamente se les estuviera esperando. Unas cosas y otras generaron una imagen emprendedora y moderna del municipio  y a consecuencia de ello, Zuera multiplicó holgadamente sus tradicionales atractivos de “pueblo grande, cerca de Zaragoza, con río y con mucho monte”

Cuando Zuera se hallaba en pleno proceso  de incorporación de equipamientos de segunda generación –centro cívico, piscina cubierta, tanatorio, etc…) sobrevino la crisis. La verdadera crisis. Que en contra de lo que algunos piensan, no es la que nos tiene a todos, desde hace un par de años, acogotados y sumidos en la incertidumbre, sino la que supuso el  cambio de gobierno municipal. Y al decir esto, no me refiero tanto al signo político de la pseudocoalición  que hoy gobierna el Ayuntamiento, sino al componente cualitativo del personal que lo integra, más versado y ocupado en la defensa de intereses espurios y de índole personal que en lo que estrictamente se conoce como interés general.

El primer mandato  en el que la derecha se hizo cargo del gobierno municipal, dentro ya de la etapa democrática, supuso un frenazo para Zuera semejante al que a veces efectúan algunos caballos cuando  en la hípica, “rehusan” ante ciertos obstáculos. Aunque la situación se recondujo a los cuatro años, cuando el Partido Socialista recuperó el poder, las secuelas quedaron ahí, ocultas por nuevas realidades, pero presentes, gravitando.

En el actual, está sucediendo lo mismo, sólo que en esta ocasión traerá consecuencias más graves para el municipio. Por un lado, porque el parón afecta al elemento estructural del municipio, que ni se ha fortalecido ni se ha ampliado (sólo se han llevado a cabo actuaciones secundarias que en ningún caso eran prioritarias) y, por otro, porque en este caso, sí que tiene verdadera importancia el contexto de crisis en el que nos movemos y en el que vamos a continuar todavía unos años más.

Los mensajes electorales que nos disponemos a escuchar dentro de unos días por la parte gobernante oscilarán  entre la sublimación de cuanto se ha hecho estos años y las limitaciones que ha establecido la situación de crisis. Se servirán de ambas para intentar acallar las bocas por donde asome cualquier tipo de crítica.

Sin embargo y a mi entender, la realidad es bien distinta. Nada de cuanto se ha hecho estos años va ni a crear riqueza alguna ni a impulsar el desarrollo económico y social de Zuera. Sin embargo, si va a trascender, y lo hará en sentido negativo, como consecuencia de la mala utilización que se ha hecho de los muy abundantes –sí, muy abundantes- recursos públicos, de  la falta de proyectos, y de una mezcla de ausencia de visión política, cinismo y simpleza. Todo ello producto de la anteposición, o si se prefiere, de la confusión existente entre el interés privado y el  público. Es decir, que a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar. La crisis no ha hecho más daño en Zuera que en el resto de los municipios de Aragón, pero la parálisis en la que se ha sumido la gestión pública municipal sí puede hacer estragos. Y de ello no tienen la culpa ni las hipotecas subprime ni Wall Street ni, mucho menos, Zapatero. Algún día tendrán que acostumbrarse a asumir responsabilidades. El ayuntamiento, otrora auténtico agente generador de condiciones de progreso y bienestar ha derivado en un órgano, hipertrofiado de personal partidario, pero acartonado, anémico e incapaz de dinamizar tanto la vida económica como social de Zuera.

Los tiempos que se avecinan van a resultar difíciles para todos, para las instituciones y para la sociedad civil, es decir, para las familias y los individuos. En este nuevo marco las administraciones públicas están llamadas a desempeñar un nuevo tipo de  liderazgo. Deben, ante todo, generar confianza ante los ciudadanos, administrar bien los recursos disponibles, idear nuevos sistemas de gestión, establecer objetivos no convencionales, acordes con los nuevos tiempos y, por encima de todo, dar ejemplo de honradez y de espíritu de servicio a la comunidad, en todo momento. Si queremos sacar a Zuera del actual marasmo, hay que pensar en qué personas pueden y son capaces de asumir dichos objetivos.

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