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Rubalcaba

Cuando Rubalcaba aceptó ser el candidato por el Partido Socialista a la Presidencia del gobierno, en las próximas elecciones generales, volqué  hacia su persona un  plus de admiración de la que tengo reservada a los muy, muy elegidos. Acostumbrado desde la época de los últimos gobiernos de Felipe González a ocupar segundos puestos, aunque estos fuesen tan relevantes como los ministerios de Educación, Presidencia o la Portavocía del Gobierno, algunos podrían pensar que la oportunidad que ahora se le presenta para acceder al olimpo de los escogidos, le llega un poco tarde. Y ello, por cuanto tiene de envenenado y fraudulento el momento social y político por el que atraviesa el país, Europa y en su conjunto, el mundo occidental.

Ocurre, sin embargo, que Rubalcaba, político por accidente histórico, como tantos otros de su generación, ha devenido con los años en un gobernante  hábil, fibroso y templado, que enseguida irradia confianza y esperanza en todos los puertos donde el destino le ha llevado a desembarcar. Todo ello sin duda se debe a que es un hombre responsable, trabajador y comprometido que acostumbra a ofrecer resultados, sea cual sea el enclave donde tenga que instalar su centro de operaciones. Como la inteligencia y la integridad forman parte de su ADN, a cada instante le asoman por los ojos, la palabra y el gesto. Debe ser por eso que la derecha le odia. Le odia  y le teme. Y sí, le teme incluso en un momento como éste en el que todo parece indicar que Rajoy va a ser elevado a la Presidencia del Gobierno en peana y bajo palio. O acaso no es eso lo que dicen  las encuestas? Exactamente lo mismo que decían el año 93 y el 96. Luego los resultados, como se sabe, en ambas ocasiones, fueron otros.

Es cierto que el Partido Socialista no atraviesa por un buen momento. Tan cierto como que no es el responsable de los desmanes y desvaríos del sistema  financiero y, por consiguiente, de los nefastos efectos que sobre nuestras vidas han volcado las ambiciones, el descontrol y los apetitos desordenados de esa gente, toda ella con padre y madre, que se esconde tras la tapia del intangible y etéreo mercado.

Sin embargo, parece evidente que si  aquí estamos, es porque hemos llegado.

Voy a votar por Rubalcaba, con una ilusión con la que hace tiempo que no lo hacía. Por supuesto con la esperanza de que gane y sea nuestro próximo Presidente de Gobierno. Pero, si así no fuere, porque es el mejor candidato de cuantos van a concurrir a las próximas elecciones. Un político de raza, que contempla la vida desde la izquierda y actúa rigurosa y eficazmente en consecuencia, ya se mueva en el ámbito de la Educación, el de Tráfico o el del terrorismo de ETA.

Rubalcaba es el único político que puede frenar a los escuadrones del PP en su indecente e hipócrita cruzada contra el Estado del bienestar. Ése que tanto esfuerzo nos ha costado construir. Y es así mismo, la persona más indicada para generar en la sociedad española una esperanza sensata, razonable capaz de desactivar y poner en evidencia  el demagógico y monocorde discurso de la derecha.

Es una falacia cuanto de dice de que la Derecha política sabe afrontar mejor que la Izquierda las situaciones de crisis económica. No hay más que mirar el legado que dejaron en Grecia y en Irlanda y la impotencia que muestra el actual gobierno portugués surgido ya del magma de la crisis. Se puede echar también un vistazo a los rotos abiertos en las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP, tal que Valencia o Murcia y, si no se quiere ir tan lejos, a las arcas y el modelo de administración que rige en el Ayuntamiento de Zuera, desde que las dos derechas locales se lo montan entre sí.

La suerte no está echada, ni mucho menos. Y ellos lo saben. La supuesta ventaja que arrastra el PP sobre el Partido Socialista, no se deriva tanto de un crecimiento del primero cuanto de las incertidumbres que envuelven al segundo, cuyo electorado potencial es más numeroso, pero también, más diverso, más crítico y mucho más exigente. Como en tantas ocasiones la clave está en que la izquierda vaya a votar. Cada voto que no se deposite o se le hurte a la izquierda, y en concreto al Psoe, favorecerá al PP o agrandará las distancias entre los dos grandes partidos.

Sería deseable y conveniente para nuestro futuro inmediato que la izquierda social no colocase en el gobierno a la Derecha política para que desmantele todo el entramado de Servicios públicos que, por otro lado, a quien más beneficia y protege es a esa misma doliente y volátil izquierda social.

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