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Primarias: ni abiertas ni cerradas

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El recientemente fracasado intento de celebrar elecciones Primarias por parte del Psoe en Aragón no ha fortalecido al Partido.

En mi opinión habría sido una buena idea la de celebrar las Primarias en serio. Es decir, haberlas planteado con el objetivo claro de afrontar el descontento social y como muestra sincera de cambiar determinados y anacrónicos hábitos de comportamiento dentro del Partido.
Pensé que de esta forma, podríamos comenzar a derribar el muro de desafección que a golpe de decepción y encuesta se ha ido levantando entre los ciudadanos y la política. O, si se prefiere, de determinadas prácticas políticas.
Además creí que podían ser una oportunidad no sólo de generar confianza o restablecerla, sino también y, muy especialmente de revitalizar el Partido. De despertar ilusiones dormidas y crear otras nuevas, de motivar y movilizar a la militancia. Pero de una forma franca y generosa, sin subterfugios, como se supone que actúan los que creen y confían en la democracia. En definitiva, que podían suponer un avance en pro de ese tipo de organización con la que al parecer, de manera tan ingenua como irreductible, continúo soñando, a pesar de haber aprendido ya hace tiempo, que la política es otra cosa.
Pues bien, esa “otra cosa” es la que, una vez más, se ha vuelto a imponer. La desinformación, el ventajismo, los hechos previamente consumados y todas esas maniobras propias de “listos”, de los que verdaderamente creen entender “de qué va la cosa”. Detesto esa excluyente prepotencia orgánica, tan perjudicial de puertas adentro y tan nefasta, socialmente. Y eso, tanto si proviene de los que solamente aspiran a continuar en el sitio como de aquellos otros que como máxima prioridad ansían obtenerlo.
Agradecí al aspirante, al candidato no nato, el paso que había dado y que nos iba a permitir opinar, debatir y ejercer el derecho a voto. Ya sabíamos cual iba a ser el resultado final del proceso, pero como experiencia me parecía interesante, en cuanto que podía dar vida al Partido. Ciertamente que casi todo lo que de su parte vino después, enseguida se tornó decepcionante: la ausencia de discurso, la falta de estrategia, los insultos al contrario por parte de su entorno cercano, etc…Pero su sola iniciativa había conseguido romper esa atonía en la que anda sumido el mundo de la militancia, llamada a comparecer solo ocasionalmente cuando es requerida por el alojado y cada día menos heterogéneo cuadro de suboficiales.
Estoy de acuerdo con que nuestro rival, que no enemigo, está en la Derecha, esa que está desmantelando el país de los mortales al que la mayoría de nosotros pertenecemos.

Pero, claro, la cosa no es tan sencilla. El proceso tal como se ha llevado a cabo desde lo que damos en denominar Aparato del Partido me ha parecido muy desafortunado, una ocasión perdida.
En primer lugar por la falta de respeto que ha supuesto hacia afiliados y simpatizantes, la ausencia de explicaciones, información y llamamiento a la participación: en qué consiste un proceso de primarias, quién se puede presentar, a cuántos candidatos se puede avalar, es lo mismo avalar que respaldar con el voto…? Por ejemplo. Nos llenamos la boca con la participación y cuando surge verdaderamente una oportunidad, dejamos que se ahogue en la confusión.
Esa falta de respeto a la que me refiero raya en la deslealtad al espíritu de un Partido centenario y democrático como es el Partido Socialista que tiene en su cuenta los avances sociales más importantes que nuestro país, ciudades y pueblos, es decir, sus gentes, han experimentado a lo largo de su historia.
De maniobra tosca y descarada, impropia de quien confía serenamente en sus posibilidades, me pareció la manera en que se dispuso la actuación de los mandos. Estructura que se supone debe velar, no sólo por que se cumplan la normas y que el proceso quede reglamentariamente encuadrado, sino también, y de manera especial, para que la militancia se exprese, opine e intervenga en la medida de lo posible en la toma de decisiones. Con transparencia, que se dice. Así es como, se supone, que las organizaciones políticas deben adoptar sus posiciones. Al menos, la nuestra. Entre otros usos y prácticas, por supuesto. Omitiré mi opinión respecto a todos aquellos sectores que incluso sin recibir instrucciones, se precipitaron a socorrer al hipotético vencedor, sin otro criterio que el de rendirle ofrenda. En fin…Que sí, que lo entiendo. Pero no lo comparto.
En resumidas cuentas, una oportunidad perdida para “hacer” Partido y mucho más para aquellas personas, alérgicas al riesgo, que de haber afrontado el proceso con toda esa serie de garantías que han brillado por su ausencia, hubiesen podido adquirir el tinte de autóritas y liderazgo que la realidad se resiste a otorgarles.

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