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Odón de Zuera

 

 

 

El 18 de noviembre celebraremos el 150 aniversario de Odón de Buen.

El 18 de noviembre celebraremos el 150 aniversario de Odón de Buen.

El próximo día 30 va a tener lugar en Zuera un importante evento social y cultural. La ocasión la proporciona Odón de buen, su 150 aniversario, y la iniciativa es del Centro de Estudios que lleva su nombre. Sin embargo, lo que verdaderamente otorga grandeza y trascendencia a la convocatoria es la resuelta y cálida respuesta que ha suscitado por parte de las entidades y organizaciones sociales y culturales del municipio que en mismo van a participar.
La figura de Odón de Buen que este año esta siendo objeto de una vigorosa evocación desde diferentes ángulos, aunque con muy distintas pretensiones, continúa siendo para el conjunto de los españoles y aragoneses una gran desconocida. Y en lo que respecta a Zuera, donde en los últimos años se ha multiplicado su presencia icónica y referencial, una fuente de contenido mediático y simbólico cuya potencial riqueza apenas ha sido explorada.
Durante las últimas décadas gran parte de las atenciones dedicadas a su emblemático recuerdo tenían por objeto sacarlo del olvido, deshacer los tabúes que el franquismo había creado en torno suyo, rehabilitar su imagen y en definitiva, hacerle justicia. Se cumplieron los objetivos con creces e incluso, podríamos decir que se inició un incipiente proceso de mitificación en el que todavía nos encontramos. Prueba de ello es que hasta los sectores sociopolíticos que nunca se habían sentido identificados con los valores por él representados, se han visto atraídos por el resplandor que el tiempo y el trabajo – de otros, por cierto- van poco a poco avivando.
Son múltiples las ventajas que pueden derivarse de la mitificación del personaje, aunque aquellas dependan básicamente de la categoría, el nivel y, en definitiva, del alcance o la dimensión del mito. De ahí la importancia de continuar con la tarea y el esfuerzo de darlo a conocer, de proyectar su imagen, de reubicarlo. Sobre todo en aquellos foros y escenarios donde más brilló, aquellos que entienden de formación, de investigación, de ciencia. Ya sabemos que nuestro hombre se desenvolvía con sin igual destreza en otros ámbitos como el periodístico-divulgativo o el diplomático, pero hemos de remitirnos a aquellos donde su huella sin duda fue más perenne y fecunda: la universidad y las ciencias del mar.

Sin embargo, existe otra tarea más terrenal, absolutamente compatible con la anterior, pero que, aparentemente, se desarrolla en sentido contrario, de la cual podemos obtener un verdadero yacimiento de ideas y proyectos que nos ayuden a encontrar caminos y dar sentido a un momento como el actual tan plagado de desconcierto, recelo e incertidumbres.
Se trata de ir al encuentro, siempre sorprendente, del personaje real, del hombre, de aquel que es como nosotros, de carne y hueso. Ese que se pasa la vida ideando, trabajando, transformando, perseverando y, a veces, cómo no, también fracasando.
La lectura de sus publicaciones y, en especial, de sus Memorias y de la Biografía que a punto está de publicarse, cuyo autor es el periodista científico Antonio Calvo Roy, nos ofrecen la posibilidad de acercarnos a ese individuo al que nos referimos y al que, como “lectores cautivos” que somos, en alguna medida consideramos parte de nosotros mismos.
Sería una verdadera lástima que orientáramos nuestras limitadas energías solamente al transformar el tabú en mito, renunciáramos a profundizar, indagar y descubrir la inmensa capilaridad emocional e intelectual de un personaje, hoy convertido en un verdadero y estimulante estandarte para muchos de nosotros, un apasionado y fervoroso apóstol del libre pensamiento.
Pues bien, el próximo día 30, como decía al principio, va a tener lugar en Zuera un emocionante encuentro social y cultural. Un encuentro que aunque no adquiera el rango excepcional que obtuvo el de la vuelta a casa de sus restos mortales, hace ahora diez años, si será la constatación de que Odón volvió para quedarse para siempre con nosotros, porque a lo largo de todo este tiempo, el pueblo de Zuera no sólo lo ha ido alojando en sus calles, muros y plazas, sino también en su corazón.

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