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Nos saldrá caro. En dinero y en todo tipo de valores

No debe resultar sencillo para estas gentes que nos gobiernan, acostumbrados como estaban a vivir del esfuerzo que otros previamente habían llevado a cabo, y a utilizar el presupuesto municipal para la creativa tarea de trocar voluntades por puestos de trabajo, encontrarse de pronto, secos.  Secos de ideas para encarar un momento tan complicado como el actual  y carentes de recursos económicos hasta el punto de no poder enmascarar el presupuesto municipal. Hasta cuándo estarán huyendo hacia adelante a cuenta de los zufarienses?

Recientemente ha transcendido la noticia de que era no sé si voluntad, idea o simplemente ocurrencia del equipo de gobierno o de alguno de los alcaldes, elevar al municipio un 50%, el denominado Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Lo que comúnmente se conoce como contribución urbana, y que afecta a viviendas y locales de cualquier naturaleza, excluidos los inmuebles pertenecientes a la Iglesia católica. De la información que yo tengo, parece ser que ha sido la actitud del Grupo municipal socialista, negándose en redondo a ese disparate, la que les ha disuadido de cometer tamaña tropelía. Sin embargo, la pregunta que me hago a la luz de la magnitud de esa desvariada idea, es cuál debe ser la situación real del déficit que arrastra nuestro ayuntamiento. Entendiendo como tal, no sólo los aspectos cuantitativos, cuánto se adeuda, sino también los cualitativos: a quién se adeuda y qué gastos son los que esta Corporación considera o no, prioritarios. Es decir, quiénes cobran aparte del personal y los concejales y quiénes están en cola de espera desde hace meses. Y, lo más importante e intranquilizador: qué efectos van  a derivarse para el municipio a medio y largo plazo, de esta situación de absoluto des-control.

La deuda municipal, como las de los bancos, la vamos a pagar nosotros, no sé si de golpe, como al parecer les había pasado por la cabeza tras súbita calentura, o prorrateada en nuestras tasas e impuestos a lo largo de los próximos veinte años. Es un decir.

Cuanto ocurre en nuestro ayuntamiento nos concierne a todos. Porque todos somos dueños, es decir, propietarios. De lo privado, por supuesto, y de lo público por derecho. Es de nuestra condición de vecinos, ciudadanos y contribuyentes de donde se deriva la potestad que nos asiste a la hora de requerir y obtener la información que sistemáticamente se nos viene detrayendo.

O acaso han olvidado que su mandato es una mera delegación y que  gestionan en nuestro nombre?

La verdad es que no comprendo cómo un asunto como éste no es noticia de cabecera todos los días y no sólo en sus aspectos troncales (deuda, déficit, mala gestión, ineficacia, etc…), sino en sus derivaciones, en su capilaridad. Existen múltiples situaciones, decenas de pequeños escenarios donde la desatención hace tiempo que derivó en degradación: roturas y desperfectos que no se reparan, facturas que no se pagan, dejación de responsabilidades, maneras que no se guardan, ausencia de criterio, falta de autoridad, en el sentido más latino de la palabra, En fin, todo un cúmulo de desórdenes corporativos e institucionales que, caro, muy caro, habrá de pagar más pronto que tarde, el pueblo de Zuera

Y si todo lo anterior me parece grave, el hecho de que nadie esté pensando en la elaboración de un diagnóstico, de un estudio que analice de manera pormenorizada el alcance del deterioro y las maneras de frenarlo y corregirlo en primera instancia para, acto seguido, intentar reconducir la situación, esa falta de preocupación, ese vacío de responsabilidad, esa mezcla de ignorancia y frivolidad es lo que me resulta más descorazonador.

El daño estructural que está sufriendo el municipio, hoy oculto tras la cortina de una situación económica insostenible, requiere de una estrategia de regeneración cuya elaboración y aplicación, mucho me temo, no está al alcance de quienes nos gobiernan. Por lo tanto, y si hacemos caso a Murphy, lo lógico es que la situación vaya a peor.

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