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Mari Carmen Gracia Aísa

“Educaos, instruiros, pero no seáis avaros de  la ciencia que poseyáis” (Odón)

El sábado pasado estuvimos haciendo un recorrido botánico de la mano ilustrada de Mari Carmen Gracia. Como la mañana y la temperatura acompañaron, la salida resultó un grato y enriquecedor paseo, a través del cual no sólo entramos en contacto con la naturaleza, sino que disfrutamos del extraordinario conocimiento que Maricarmen ha acumulado sobre nuestra flora. Resulta verdaderamente estimulante escucharla y, al hacerlo, no puedes menos que sentir una honda y sincera admiración hacia una persona que, de manera discreta y perseverante, ha sido capaz no solamente de despertar en nosotros el interés por nuestro riquísimo patrimonio botánico, sino que le ha aportado más valor. Porque valor y privilegio es tener a nuestro lado a una persona con sus conocimientos, dispuesta a compartirlos, no sólo con generosidad y entusiasmo, sino también de manera amena e instructiva.

Mari Carmen es una mujer amable y afectuosa, directa y sencilla en el trato, y a su lado es difícil no sentirse cómodo. Su carácter y empatía le facilitan la tarea de conectar con la audiencia, a la que se dirige siempre de manera cálida y motivadora. Cuando habla de las plantas, de las flores o los frutos, acostumbra a mencionarlos tanto por sus nombres académicos como por la denominación popular que casi todos tienen. Cuando esto sucede, es como si abriese  el cajón embrujado de su amplio repertorio porque sabe envolver las singularidades de las plantas con el halo de magia que suele acompañar  a las antiguas costumbres, tradiciones y usos que nuestros antepasados hacían de las mismas. Unas veces con fines medicinales o terapéuticos, en otras ocasiones, afrodisíacos dietéticas o culinarias y, en ocasiones, culturales o lúdico-festivos.

Aunque las personas mayores, que han sido testigos de otras épocas, a veces no se sorprendan ante el rico anecdotario del que hace gala nuestra experta, resulta difícil para otros, que nombres como “arrancamoños”, “espantalobos” o “verruguera” no despierten su curiosidad y deseen conocer de inmediato las pequeñas historias que se ocultan tras tan sugerentes denominaciones. Ni que decir tiene que, ante tal tesitura, Maricarmen tampoco defrauda. Con el tiempo- y su esfuerzo y dedicación- ha adquirido la cualidad de una gran especialista,  circunstancia de la cual nos servimos y nos aprovechamos, pero  por la cual también le estamos profundamente agradecidos.

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