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LOS IMPUESTOS AJUSTES

Él no es el culpable

Para encuadrar adecuadamente el valor y la oportunidad de las medidas de ajuste económico que recientemente hizo públicas el Presidente del Gobierno, es imprescindible comprender el alcance y la naturaleza de la grave crisis por la que atraviesa el conjunto de la UE y, particularmente, España.

El cambio de coyuntura económica se precipitó sobre nosotros con una rapidez y una rotundidad que no tardó en poner de manifiesto la fragilidad de nuestro sistema económico. Un sistema cuya debilidad estructural estaba enmascarada por la burbuja inmobiliaria y el intenso consumo interno. Formamos parte de un mercado único y en ese contexto continuamos siendo un país cuyo soporte productivo genera pocas plusvalías y mantiene unos  índices de exportación muy por debajo de los de nuestros principales competidores, que son a su vez nuestros principales clientes. Todos hoy, en horas bajas, también. He ahí nuestro principal problema, nuestra falta de competitividad ante otras economías con las que tenemos que lidiar a diario en el mercado. Cuando se habla de cambiar nuestro  modelo productivo están hablando de esto: más formación, más cualificación, más especialización, más diversificación económica, etc…más competitividad.

El primer efecto de la crisis que vimos materializarse fue la caída estrepitosa de la actividad que trajo como consecuencia el vertiginoso crecimiento del desempleo. Ya, a estas alturas, todos somos conscientes de que en el origen de la crisis no estaban los trabajadores asalariados ni las clases medias, estaba el mundo de las finanzas. Sin embargo la situación que se desencadena hace que sean los sectores más frágiles de la sociedad los que primero noten sus efectos.

José L. R. Zapatero es un hombre al que se le puede acusar, cómo no, de muchas cosas, pero no de falta de sensibilidad social. Ahí están las políticas que ha impulsado desde que comenzara su primer mandato, hace seis años, y en las que destacan por encima de cualquiera otras, las sociales: incremento de las pensiones por encima del IPC, creación de la Ley de Dependencia, subida salarial de los funcionarios, que habían sufrido importantes mermas por la congelación de salarios que llevó a cabo Aznar, etc…Esto son datos objetivos, aparte de la mayor o menor fortuna con la que hayan podido ser vendidos, circunstancia por la que seguramente habrá que pagar un precio político.

Ni el Presidente ni el Partido que lo sustenta ni el país podía permanecer ajeno a que los paganos directos de la crisis fueran aquellos que menos culpa tenían: trabajadores asalariados, autónomos, etc…De ahí que fuera necesario destinar grandes contingentes de dinero, a través de deuda pública, a parar lo que, ahora sabemos, ha sido la primera andanada de la crisis. El efecto inmediato de esas medidas no se hace esperar: un rapidísimo incremento del déficit público. Por un lado, ha decrecido considerablemente nuestro operativo productivo y generador de riqueza y empleo, hasta el punto de superar los cuatro millones de parados y, por otro, nuestro endeudamiento ha crecido hasta el 11,3 % del PIB, en menos de dos años. Nuestro endeudamiento continúa siendo mucho más bajo que los países de nuestra órbita política, incluidos Francia, Italia o el Reino Unido,  pero ello no nos puede servir de consuelo, en una situación como ésta.

Como decía Merkel, recientemente, el euro, nuestra moneda única, y por ende todo el proyecto de Unión europea, atraviesa la situación más difícil desde que se creó el Mercado Común en 1956. Y como quiera que todos navegamos en el mismo barco, da igual en qué lugar de la bodega estemos alojados, porque si se abren vías de agua, es toda la embarcación y todo el pasaje el que peligra. De ahí que fuera tan importante acudir en socorro de Grecia.

Lo que en estos momentos están poniendo en tela de juicio las embestidas financieras es la solvencia de los países de la Unión, todos ellos fuertemente endeudados, pero con desigual musculatura económica. Bruselas ha tardado en reaccionar, porque hacerlo entrañaba muchas dificultades, a las que no nos podemos referir en este breve espacio, pero entre sus exigencias, a todos los países miembros, está el que actúen con medidas concretas para, con la mayor urgencia, contener el déficit y establecer mecanismos que impliquen una mayor disciplina económica y presupuestaria.

Y en esto apareció Zapatero y suponemos que con gran dolor de corazón, nos anunció los famosos recortes, que afectan fundamentalmente a aquellos sectores sociales que durante años más ha intentado proteger.

  • Congelación de las pensiones durante el 2011. No así las mínimas y las no retributivas.
  • Rebajas en un 5 % de media en los salarios de los funcionarios. Los altos cargos se verán afectados en un15% de su retribución, y los que menos cobren, por debajo de ese 5%.
  • La dependencia pierde su carácter retroactivo. Ahora cobraban desde el momento en que la solicitaban si posteriormente les era reconocido el derecho a percibirla. Ahora la cobrarán desde el momento que se les conceda oficialmente.
  • Lo del cheque-bebé cuando escribimos estas líneas todavía no está claro, pero todo hace suponer que no desaparecerá drásticamente, sino que será objeto de algún tipo de regulación, según niveles de renta. Lo cual a algunos nos parece más acertado.
  • A todas estas medidas hay que añadir el recorte en las inversiones de infraestructuras, sin duda alguna, las más transcendentes en orden a la necesaria reactivación de la actividad económica.

Ya sabemos que el tema es de una considerable mayor hondura y que en el origen de toda esta terrible crisis se sitúa en el funcionamiento del propio sistema capitalista, el neoliberalismo desaforado que se ha infiltrado de manera aparentemente natural en el ser cultural de las democracias occidentales y a la ausencia de verdaderos líderes políticos, capaces de plantar cara a este ataque indiscriminado del mundo del dinero contra los estados del bienestar, o semi bienestar, que tanto tiempo y tanto esfuerzo ha costado alcanzar. Pero la única forma que muchas personas tenemos de llegar a comprender la magnitud del problema que hoy nos atenaza es tirar del hilo de las privaciones concretas que hoy se nos imponen y, con toda la polémica que queramos por el medio, intentar aprovechar la situación para tomar conciencia de que las responsabilidades de nuestros  actuales dirigentes políticos, al margen de su filiación política, son casi anecdóticas. Que el origen del problema no está ni en Zapatero, ni en Bruselas, ni en Nueva York (sin duda, pasan por ahí),  sino en el abandono con el que nos hemos dejado caer, en un sistema de vida que cifra el éxito  exclusivamente en el consumo, las luchas por el poder o el status social o la mera escenificación de lo que en realidad no somos.

En resumidas cuentas, la credibilidad de nuestro Presidente está en estos momentos, como todos sabemos, bajo mínimos y, en ese sentido no es la persona adecuada, pero yo creo que el Gobierno, todos los gobiernos, deberían desarrollar un gran esfuerzo explicativo, porque la ocasión lo merece y porque, de repente todos estamos preocupadamente motivados, lo cual garantiza la atención debida y  quién sabe si también, el aprovechamiento en el aprendizaje. Todos deberíamos salir de esta dura etapa más conscientes y sabedores de dónde y de qué manera se gesta nuestro sistema de vida.

A esta hora como también es sabido, la Oposición, particularmente el PP continúa a caballo entre su Gürtell y la sobreexcitación que le provoca la posibilidad de “derrocar” a Zapatero, ya que no gozan del crédito de las otras fuerzas políticas del Parlamento para llevar a cabo una moción de censura.

Y éstos son la alternativa.

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