A sample text widget

Etiam pulvinar consectetur dolor sed malesuada. Ut convallis euismod dolor nec pretium. Nunc ut tristique massa.

Nam sodales mi vitae dolor ullamcorper et vulputate enim accumsan. Morbi orci magna, tincidunt vitae molestie nec, molestie at mi. Nulla nulla lorem, suscipit in posuere in, interdum non magna.

La farola

Desde hace unos años, cuando paseo por aquí, acostumbro a fotografiar esta farola. Suelo enfocar la cámara hacia todo aquello que no me deja indiferente. Con frecuencia se trata de la luz, en ocasiones la singularidad de los objetos que contemplo y, casi siempre, el atractivo que contienen los lugares o las situaciones que me rodean.
Sin embargo, nada de lo anterior es lo que me mueve a reproducir este mueble roto y olvidado una y otra vez. Lo que verdaderamente me empuja año tras año a registrar su abandono es la incomprensión.
Se me escapan las razones por los cuales esta estampa, que a mí se me antoja una herida en el paisaje, no es subsanada. Al principio pensaba en el descuido, en el desbordamiento de quehaceres, incluso en la falta de recursos económicos para afrontar la tarea. Sobre todo al considerar que su caso no es una excepción, una buena parte de las luminarias del Parque del Gállego están decapitadas. Pero la justificación presupuestaria me resultaba inconsistente. No se me oculta que la insensatez de origen recae en aquellos que llevaron a cabo los incívicos actos de vandalismo, pero aludo a una situación que aconteció hace no menos de seis o siete años. Hubo un tiempo que dejándome llevar por la suspicacia llegué a pensar en la desidia e incluso, finalmente, en la contumacia. En ese placer morboso que a algunas personas les produce mantenerse en el error. Dejémoslo ahí. Simplemente parto de la idea de que a través del olvido y la indiferencia a menudo se cuela el retroceso y la decadencia. Y en contra de lo que pudiera parecer, no es un tema menor. Los procesos de degradación y empobrecimiento no surgen por generación espontánea. Son trazados sutiles que arrancan de alteraciones en las escalas de valor, modifican la capacidad perceptiva y generan cambios en el orden de prioridades. Si así fuera, resultaría preocupante. Pero, quién sabe, a lo mejor es una ilusión mía, al fin y al cabo vivimos una época en la que no dejan de abrirse paso las post verdades.
Mi planteamiento, en este caso es verdaderamente sencillo y no sé si también caduco. La función de las farolas es iluminar y hacernos la vida más agradable. Son, como el resto del mobiliario urbano, producto de un marco de valores dentro del cual se aúnan la idea de progreso, aplicada en este caso al espacio público, con lo referencial, es decir, con todos aquellos elementos que hablan de nosotros como comunidad. Si renegamos de estas pequeñas cosas estaremos comenzando a socavar no solo nuestras parcelas de bienestar, sino lo que es más importante, nuestra propia credibilidad.
Me parecería razonable que tanto ella como sus congéneres volvieran a alumbrar. Pero se trata solo de una opinión.

Leave a Reply

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>