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La Aceña, un rincón incomparable

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De todas las actuaciones urbanísticas que en su día tuvimos la oportunidad de acometer, sin duda es la del hoy denominado barrio de La Aceña, la que me dejó un recuerdo más imborrable. Su transformación, eran terrenos rústicos que se convirtieron en zona residencial, supuso el desarrollo del primer Programa de Actuación Urbanística (PAU), que se llevó a cabo en Aragón, por iniciativa pública. El proceso, arduo y complicado, supuso un esfuerzo de gestión al que todavía no estábamos acostumbrados, y solamente comparable a la ilusión que nos deparó verlo definitivamente terminado. Zuera había comenzado a apuntar a principios de los ochenta nuevas expectativas de crecimiento y era necesario hacerlas viables creando espacios no sólo para poder desarrollar una verdadera política de viviendas, sino, muy especialmente, para albergar los equipamientos que el municipio necesitaba. No en vano, una vez concluida la urbanización, no tardaron en emerger en su entorno, el Polideportivo, el Instituto de Secundaria y el Centro de Salud, amén de promociones de viviendas públicas y privadas, y una maravillosa zona verde siguiendo el curso de la acequia de Candevanía. Recuerdo el empeño que pusimos en escoger la vegetación seleccionando un determinado tipo de árboles todos ellos de hojas no demasiado grandes, inspirándonos en los cuadros de paisajes de pintores ingleses de finales del XVIII, como Turner y Constable: álamos, acacias, sauces, abedules…Estos últimos, con irregular resultado. Pero finalmente, con los años se fue configurando una larga y sombría bóveda que, sobre todo en verano, hace de esta alameda un rincón especialmente fresco y acogedor. Todabía sineto una particular debilidad por el trazado de las curvas de la acequia, hechas con mucho acierto, y también con mucho afecto, por el promotor José Antonio L. J., con el cual, y a raíz de aquel fortuito encuentro, todavía mantengo una sincera amistad. Siempre he admirado el trabajo bien hecho y me han despertado simpatía y admiración las personas que lo realizan, al margen de cual sea su profesión.

Todo el desarrollo del proceso tuvo su punto de aventura porque nos adentrábamos en un territorio para nosotros desconocido. Habíamos encarado múltiples actuaciones de pavimentación y remodelación de calles, pero todavía no sabíamos el alcance y las dificultades que entrañaba afrontar una operación de transformación de suelo, máxime cuando la propiedad no residía en unas solas manos, lo cual hubiera simplificado el proceso de negociación, sino en decenas de propietarios poco o nada interesados en que la ejecución se llevase a cabo. El meollo de la cuestión estaba en la ley, y la ley establecía, y establece, que los gastos de la transformación debían correr a cargo de los beneficiarios, y éstos no eran, no son, otros, que los propietarios. Hubo quienes lo entendieron a la primera, otros que lo hicieron por el camino y tampoco faltaron quienes seguramente todavía no lo han entendido, o mejor dicho, aceptado, a pesar de que todos, absolutamente todos, salieron beneficiados, unos procediendo a construir de inmediato y otros, manteniendo sus solares con la esperanza, posteriormente plasmada, de rentabilizarlos mejor.

Hoy, apenas queda alguna parcela por construir, lo cual viene a poner de manifiesto que cuanto se hizo en su momento, no solamente tenía sentido, sino que además se hizo con oportunidad. El Barrio de la Aceña constituye actualmente una de las zonas más bonitas y más agradables del municipio de Zuera, la inmensa mayoría de las construcciones son viviendas unifamiliares, posee una amplia y singular zona verde y desde el mismo se accede con facilidad a los más importantes equipamientos públicos, escolares, deportivos, sanitarios y de ocio. Todo lo cual encajaba plenamente en los cánones que aún hoy se manejan en torno a la anhelada y manida calidad de vida.

Existe todo un anecdotario de múltiples situaciones a las que hubo que hacer frente, no todas gratas, pero que el paso del tiempo ha tamizado, quitándoles aristas en algunos casos y en otros, edulcorándolas hasta convertirlas en gratos recuerdos. Pero eso se queda para otra ocasión.

Se me ocurre que, en contra de lo que pudiera parecer, los problemas más importantes que se suscitan en situaciones como éstas, en un marco como el que nos hemos visto impulsados a actuar aquí, en Zuera – en otros casos no será muy distinto-, eran los derivados de las propiedades. Y, más concretamente, de las escrituras públicas. En aquel momento todavía era muy frecuente, hoy creo que las cosas han podido cambiar en este sentido, que los titulares de las mismas fueran personas mayores, agricultores fundamentalmente, muy ajenas, no solamente a los imperativos legales, sino muy reticentes a cualquier tipo de cambio o transformación. Razones que ya entonces me resultaban muy lógicas y comprensibles, pero insuficientemente consistentes si atender a las mismas significara la paralización del desarrollo del municipio. Pero eran ciertas, porque en muchos casos la actualización o regularización notarial de determinadas situaciones implicaba la aparición de conflictos familiares no siempre relacionados con el hecho en cuestión. Emergían viejas desavenencias, se rompían silencios largamente mantenidos, surgían intereses contrapuestos entre herederos, etc…, y finalmente, había que ir al Registro de la propiedad donde comenzaban los primeros e indeseados gastos.

Todas estas circunstancias contribuían a generar un estado de animadversión hacia la “Administración actuante”- por no personificar- que sólo pudo ser combatida a base de la profesionalidad de un excelente equipo técnico, un escrupuloso respeto a la ley y a los derechos de los afectados y mucha determinación, mucha prudencia y una voluntad inquebrantable por preservar el interés público.

Después de esta actuación, vinieron otras, que aunque no fueron menos complejas, sí generaron menos incertidumbre. El camino ya estaba marcado y sabíamos de las dificultades que nos íbamos a encontrar al recorrerlo. Por otra parte, el ejercicio de autoridad que supuso la primera experiencia, unido a los manifiestos y evidentes beneficios privados y públicos que de la misma se derivaron, fueron circunstancias que sin duda también contribuyeron a desactivar posibles posicionamientos contrarios a lo que fueron futuros proyectos de naturaleza semejante.

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