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Inside job

(Este breve comentario sin pretensión alguna es a lo último que llevo escrito, lo que el sorbete ése que acostumbran a servir a mitad de los banquetes de bodas).

He visto recientemente con suma atención, entre otras cosas porque la vi en versión original con subtítulos, la polémica película Inside Job. Se trata, como es sabido, de un documental muy bien realizado sobre el origen de la actual crisis, su alcance e implicaciones a nivel mundial, y en el cual se presta mucha atención, para mí lo más interesante del trabajo, a los comportamientos de los actores y protagonistas que la provocaron. Es decir, los responsables directos: banqueros, asesores, economistas, y otros especimenes del mundo financiero… que, dicho sea de paso, no solamente viven tan ricamente , sino que incluso son hoy más ricos de lo que lo eran antes de que se desencadenaran los nefastos acontecimientos que tan duramente están castigando a las sociedades occidentales y, en particular, a la nuestra.

La hechura del interesante documento es norteamericana y tiene, como es lógico, todas las virtudes y defectos de este tipo de trabajos. Impecablemente realizado, bien narrado, con múltiples testimonios de la más diversa índole y con esa descarnada y envidiable valentía que asiste a ciertos documentalistas norteamericanos cuando se trata de indagar en las más oscuras entrañas de su entramado social y económico. Creo que es una historia bien contada y que vale la pena ser vista por todas aquellas personas interesadas en profundizar en las verdaderas, profundas y sofisticadas causas que provocaron la honda herida que tenemos abierta. Por cierto, me sorprendió que en ningún momento de la película apareciese la figura de Zapatero como instigador, responsable directo  o autor “intelectual” del desastre…

Adolece el filme, a mi modesto entender, de una excesiva perspectiva norteamericana. Los norteamericanos, aunque llevan camino de no ser lo que eran, continúan siendo, a estos efectos todavía muy norteamericanos. Es decir contemplan al resto del mundo como si fuera la simple periferia de su carnoso ombligo. De ahí que la narración, aunque mantenga el interés, nos deja con las ganas de conocer con mayor concreción y detalle las derivaciones que la crisis ha tenido en otros países, lejanos en la distancia, pero no por ello menos azotados – incluso más intensamente azotados- por esta  primera gran tormenta económica del mundo globalizado. En este sentido el cierre es un tanto decepcionante. Es de suponer, que aparte de ser un producto para consumo preferentemente norteamericano, hayan sido las limitaciones del metraje las que hayan provocado un final con cuatro capotazos por bajo, que te dejan una cierta sensación de vacío. Nos acercan las cámaras y algunos testimonios a la lejana China, para que contemplemos, no tanto el impacto que la crisis provoca en la sociedad y el sistema económico chino, cuanto  las deplorables condiciones en las que, al parecer,  tienen que desempeñar su trabajo los “operarios” en aquel país.

En conclusión, que aquellas personas a quienes interesen estas cuestiones, no se aburrirán viendo la película. A lo largo de la misma el espectador pasa de la sorpresa al estupor para llegar a la indignación y al desconcierto. Se perciben las cotas de salvajismo e injusticia que ha llegado a alcanzar el sistema capitalista. La ineptitud, complicidad o impotencia de la clase política. Y algo que está permanentemente presente a lo largo de todo el documental, y que fue lo que más poderosamente me llamó la atención: el cinismo. Las decenas de personajes que aparecen haciendo declaraciones no sólo no admiten responsabilidad alguna en los sucesos de cuyo desencadenamiento son los causantes, sino que se consideran en el derecho de continuar haciendo negocio aprovechándose del caos financiero y de la desgracia de millones de personas que han perdido sus trabajos, su patrimonio, etc..

La sociedad no existe, que decía la Tatcher, sólo el individuo. Lo que entendemos por sociedad, en realidad es la gente que forma grupos.  En definitiva, la mayor parte de los personajes que desfilan por la pantalla son paradigmas y prototipos de ese sistema ultraliberal que llevan camino de imponernos, a base de extender sus poderosos y silenciosos tentáculos a lo largo y ancho de la tierra.

Yo, como Stéphane Hessel, también creo llegada la hora  de “indignarse”.

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