A sample text widget

Etiam pulvinar consectetur dolor sed malesuada. Ut convallis euismod dolor nec pretium. Nunc ut tristique massa.

Nam sodales mi vitae dolor ullamcorper et vulputate enim accumsan. Morbi orci magna, tincidunt vitae molestie nec, molestie at mi. Nulla nulla lorem, suscipit in posuere in, interdum non magna.

Haciendo amigos

 

DSC_0032

Existe una corriente de opinión, creo que notable – que no de notables- y dentro de la cual me encuentro, que considera la renovación del Partido Socialista como una prioridad impostergable, si la opción política que representa pretende volver a ser algún día hegemónica en el panorama político e institucional de nuestro país.
En esta corriente de opinión se tiene y se cree en la idea de que los partidos políticos no son un fin en sí mismos, sino que son instrumentos de transformación social. Es decir, medios a través de los cuales los ciudadanos proyectan cambiar la sociedad en la línea de sus aspiraciones, ya sean estas de tipo social, cultural o económico.
Aunque aparentemente la crisis que padecemos tienda a dividir el país en dos mitades, los que pueden ignorarla y los que la sufren, lo cierto es que los treinta y cinco años de democracia que arrastramos nos han deparado una tal complejidad social que ya no es posible dirigirse y llegar al electorado si no es diversificando los mensajes. Sigue habiendo un electorado al que le gusta y le basta el discurso de trazo grueso, indispensable para asentar posiciones, pero se ha multiplicado, y fragmentado, el otro, el que requiere perfil fino y sin el cual se hace muy difícil ganar las elecciones.

La pregunta que de manera inevitable y reiterada me hago es si la organización a la que pertenezco está en condiciones a día de hoy, ya no de dar respuesta a las necesidades, preocupaciones y demandas que a diario le plantea la calle, sino de suscitar la credibilidad necesaria para que sus mensajes lleguen y calen en la mente y el corazón de los ciudadanos. Y la respuesta me plantea dudas. Y es que se ha abierto tal zanja entre los partidos, el mío incluido, y las fuentes de preocupación de la gente, que parece difícil subsanarla, al menos en el corto plazo. De ahí que la situación exija tanto medidas urgentes que corten la manifiesta sangría de confianza que se viene produciendo tanto entre los potenciales votantes como entre la propia militancia, como de una estrategia a largo plazo, y en ningún caso a dos años vista, que nos permita volver a resintonizar tanto con nuestro electorado clásico como con ese magma informe y decepcionado que hoy abarca un amplísimo espectro que va desde la izquierda moderada a inestables sectores del centro derecha que hoy se mantienen, todavía, en condiciones de orfandad política.

Me consta que se está trabajando en ambas líneas, haciendo una oposición responsable y constante en los diferentes ámbitos institucionales, empezando por el Parlamento de la nación, y preparando la Conferencia política que en breve tendrá lugar, y cuyo alcance a día de hoy es difícil de prever. Sin embargo, en ocasiones resulta difícil distinguir si la sensación que se transmite es de movimiento o de mera gesticulación. Hace unos días tuve la oportunidad de ver la entrevista que recientemente ofreció nuestro Secretario General en la Sexta, y tras escuchar algunas respuestas de mi apreciado y admirado compañero, Rubalcaba, no me quedé nada tranquilo, en lo tocante a este tema que me ocupa.
El Rubalcaba orgánico es hijo del Psoe institucional, del instalado, que no es lo mismo que acomodado. Un sector del Partido que implícitamente hoy parece optar más por mantener la capacidad operativa que le proporciona su privilegiado estatus orgánico, a la espera de tiempos mejores, que, por conectar verdaderamente con ese tejido social que está exigiendo un cambio de códigos, de mensajes, de actitudes y de caras. Obvio decir que la postura que mantienen me parece legítima y, aunque yo no la comparta, ya se ocupan ellos de razonarla.
Algunos pensamos que en un momento como éste no es suficiente con conservar los principios y cambiar los programas y los discursos. La magnitud del desconcierto y la suspicacia que envuelve a los ciudadanos requiere de un tratamiento de choque previo que nos haga posible captar su atención y predisponerlos a la escucha. Y ese sólo puede venir de la mano de un proceso de renovación profundo y sincero, donde los gestos no entren en contradicción con las palabras. No veo que se estén dando pasos en ese sentido.
Hay quien piensa – no yo, en este caso, mi experiencia me lo impide- que en pocos sitios se puede estar mejor que gobernando, pero que uno de ellos es en la Oposición. Siempre y cuando en ella concurran esas circunstancias que le permiten a uno mantener su autoestima a buen nivel.
Y nada mejor para conseguirlo que gozar de un buen sueldo, reconocimiento social y expectativas de futuro, siquiera sea a corto plazo.
Veo un montón de compañeros preocupados por su nivel de autoestima.

Leave a Reply

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>