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Generar confianza

En la reciente entrevista que Mariano Rajoy ha concedido al periódico El País, aparte de descubrir la admiración que siente por el gobierno Británico de Cámeron y las medidas anticrisis por él adoptadas, lo cual está muy bien, hemos tenido, por fin, la oportunidad de  ver asomadas algunas de sus “vergüenzas”. Y no me refiero al tema de los matrimonios entre homosexuales o a la modificación de la ley del aborto, que si llega a gobernar, que está por ver, ya se verá. Porque éstas son el tipo de  cosas que la derecha acostumbra a decir cuando no está gobernando, pero luego, cuando llega, enseguida encuentra cuestiones mucho más importantes y acuciantes a las que prestar atención preferente. Me refiero simplemente al hecho de que tras sus respuestas, tanto las claras como las difusas, lo que se esconde es un hombre de la derecha clásica que llegado el caso haría una política de derechas, lo cual, en el momento actual y en todos los casos, pasa por cargarse el llamado Estado del bienestar. Como es fácil de adivinar, para determinados sectores sociales, casi todos ellos votantes del PP,  lo del bienestar es algo consustancial a sus vidas y, en muchos casos,  a las de sus antepasados. No lo es o no ha sido así para millones de españoles que desde que la libertad y la democracia se rehicieron en el país, a base de mucho esfuerzo, han tenido la posibilidad de  acceder a un primer rellano de bienestar de una escalera cuya sucesión de peldaños se pierde en el horizonte cuya vista sólo alcanza la mirada de algunos privilegiados.

Me ha sorprendido también aquello de que es un hombre independiente, “sin ataduras” como si tal circunstancia pudiera se cierta. Acaso es Rajoy un cínico, o simplemente un ingenuo? Cuando uno llega casi a cualquier sitio, pero mucho más a aquel en el que él se encuentra, presidente del PP y candidato a la presidencia del Gobierno, son incontables las instancias a las que debe rendir, si no pleitesía, si al menos gratitud o reconocimiento. Entendidas ambas en términos políticos.

Pero, vaya, hay una cuestión entre las numerosas que trata en la entrevista, con la que, básicamente, estoy de acuerdo con él: la importancia que concede al hecho de “generar confianza”.  En no menos de seis ocasiones recurre a lo largo de la conversación a la palabra confianza, cual si de un talismán se tratase.

Si en los distintos tipo de relación social ya sea personal, comercial o de cualquiera otra índole, el factor confianza actúa como un nexo de unión fundamental, en las relaciones o vínculos entre políticos y electores, su presencia resulta determinante. La confianza la genera el trabajo bien hecho, la claridad de ideas, la honradez, la armonía entre lo que se dice y se hace, etc….Sin embargo, sabemos que huye de la mentira, la autocomplacencia, la vagancia y la falta de honradez. Tampoco encaja bien con los silencios prolongados, con la falta de explicaciones  o la ausencia de proyectos. Pero sin duda alguna con lo que menos se compadece es  con el miedo: el miedo a tomar decisiones, el temor  a que te cojan en algún renuncio, o las reticencias a exponer públicamente lo que se piensa. El miedo o la irresolución puede tener orígenes difusos, pero no hay duda de que en la piel de un candidato produce unos efectos que pasan de la desconfianza  a la disuasión y de ahí al  rechazo. En este punto cabe remitirse a las encuestas.

La pérdida de confianza puede perfectamente hacer perder las elecciones por muy brillante y generoso que sea el aporte de gestión que se derive tras un mandato político. Zapatero parece haberlo entendido y por eso se ha decidido a remodelar su gobierno, y seguramente por eso, Rajoy ha variado la anodina y comodona estrategia que venía manteniendo hasta el momento. Paralelamente, es muy difícil, azares aparte, llegar a alcanzar el poder si previamente no se ha creado un sólido tejido de confianza entre un candidato y su potencial electorado. Fiar el resultado al hipotético desgaste del contrario suele constituir casi siempre una apuesta extraordinariamente arriesgada.

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