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Felipe, ese lujo

Oigo por la mañana declaraciones, opiniones y ocurrencias de algunas personas que tienen, no sé si en la palabra o en su lengua, su mejor herramienta de trabajo Personas supuestamente bien informadas, que concurren a las tertulias radiofónicas y que enseguida forman opinión presuntamente cualificada, de cualquier tema que se les plantee, y noto en ellos un cierto desconcierto. Los unos por las secuelas de las nada ingenuas ni improvisadas declaraciones del Papa, los más por el impacto mediático que ha tenido la entrevista de Felipe González y los otros, por las opiniones expresadas por el presidente del Partido Socialista Vasco, Eguiguren, tan optimista y pragmático él, refiriéndose al final de ETA.

También hay hueco para el asalto de Marruecos a un campamento de saharauis, grave acontecimiento cuyas repercusiones seguro que nos acompañan durante una larga temporada.

Son muchos temas en pocos días y es lógico que tener que maridar el embeleso que a algunos les ha provocado la visita Papal con la irrupción en escena de Felipe González y, acto seguido, digerir que lo de ETA va en serio y ya, exija unos minutos de reposo que, por otra parte, no están dispuestos a concederse, ya que a muchos de  ellos lo que les va es el fragor de la batalla.

El Papa ha estado el pasado fin de semana por aquí. Estoy seguro de que al año que viene, cuando vuelva a rubricar el Congreso, o lo que sea de la juventud, en esta ocasión, en  Madrid, su visita provocará una mayor onda expansiva que la que ha levantado en este caso. Máxime si tenemos en cuenta de que en ese momento estaremos en plena precampaña electoral.

Me leí de cabo a rabo la entrevista de Felipe y continúo digiriéndola, desde el lunes con la colaboración de algunos palabreros tóxico-mediáticos que no solamente me proporcionan el placer perverso de averiguar donde les duele, sino la oportunidad, una vez más, de dimensionar adecuadamente la talla política y humana del que sin duda ha sido el mejor Presidente, hasta la fecha, de nuestra todavía joven democracia. Me consta que existen otras opiniones al respecto, pero, a mi juicio, son poco relevantes.

Hace unos días hablaba, tras la lectura de otra entrevista de Rajoy, de algún aspecto que, a pesar de la distancia ideológica que nos separa, compartía plenamente con él: la imperiosa necesidad que tienen los políticos de generar confianza entre el electorado, por pequeña que sea la meta política a la que aspiren.

Con Felipe González, como es lógico, la cosa es distinta. Dista mucho de ser un oráculo al que convenga consultar cada equis tiempo para indagar en el devenir de la historia, pero, qué duda cabe de que sus opiniones son siempre dignas de tomar en consideración, al margen de la empatía que despierten. Y estoy seguro de que “la contra” tanto la política como, muy especialmente la mediática, también lo entiende así, a juzgar por la estopa que le sacuden, en cuanto asoma la patilla.

Aunque no hay que engañarse porque como hoy todo tiende a cuantificarse y valorarse en función de los niveles de audiencia, el share y el papel vendido, no queda claro si le atizan porque lo odian (parece evidente) o porque a más leña, mejores indicadores de audiencia. Seguramente se trata de las dos cosas. En este sentido no cabe duda de que Felipe continúa siendo una estrella cuya estela, lejos de difuminarse con el tiempo, intensifica su resplandor cada vez que salta al escenario. Es decir, que continúa “vendiendo” como pocos.

Aunque para algunos, sus opiniones no siempre lleguen con oportunidad, considero que para el Partido Socialista continúa siendo un activo tan vigoroso como irrenunciable y que, por supuesto, tiene pleno derecho a expresar y a decir lo que estime oportuno. Ya sabe que sus opiniones acostumbran a no pasar desapercibidas, y eso quiere decir que incomodan o molestan a algunos, perturban a otros y revuelven las entrañas a muchos, pero también somos muchos los que nos sentimos estimulados al leer u escuchar una opinión tan cualificada como la suya, generalmente sopesada e inequívocamente bien expresada. Todo un lujo en estos tiempos que corren.

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