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Estructura o coyuntura

Un nuevo escenario

El avance sustancial  que las últimas décadas ha experimentado el municipio de Zuera se debe fundamentalmente a los cambios de naturaleza estructural llevados a cabo por los gobiernos socialistas. Me explicaré. No es lo mismo arreglar lo que se ha roto o deteriorado con el tiempo o remodelar un espacio que se ha quedado anticuado, que trasformarlo y convertirlo en una realidad distinta, acorde con otros usos y funciones. Eso y no otra cosa es lo que ha conseguido el Ayuntamiento de Zaragoza con las Riberas del Ebro, que antes resultaban inaccesibles a los ciudadanos, salvo desde determinados enclaves, y ahora se han convertido en un territorio absolutamente reconquistado para el ocio, el deporte y las relaciones sociales. Aunque la Expo no haya supuesto una auténtica revolución para la ciudad, si que le ha permitido incorporar cambios transcendentales que afectan no solamente a su imagen interior y exterior, sino a la manera de contemplar, estar y vivir la ciudad. Creo que Zaragoza, en este caso, está avanzando en la buena dirección y tengo la sensación de que la mayor parte de los zaragozanos lo admiten así. Otra cosa, claro está, será lo que voten llegado el momento.

Volviendo a nuestro pequeño escenario de Zuera, entiendo que prácticamente ninguna de las pequeñas actuaciones que se están desarrollando estos años tienen la facultad y la potencia necesarias para introducir esos cambios de cualidad que la modernización exige. Se reducen a acciones de cosmética urbana, que siempre deben estar presentes, pero que en modo alguno pueden constituir la base troncal de un periodo de gestión. Yo creo que la acción de gobierno debe ser mucho más ambiciosa, que es tanto como decir más esforzada.

Si verdaderamente se desea rentabilizar y optimizar tanto los esfuerzos como los recursos disponibles, de lo primero que hay que prescindir, en la medida de lo posible, es de los hitos electorales. No hay empresa de envergadura orientada a transformar y permanecer en el tiempo que no exija un largo periodo de preparación y cocción, antes de que se puedan ver y valorar sus resultados. La eficacia y la eficiencia inversora son hijas de la reflexión, la planificación y finalmente de la determinación. Si no que se lo digan a Belloch, sin ir más lejos, con el tema del tranvía. No hay ningún proyecto, por muy bien aceptado que sea socialmente, que no tenga que hacer frente a un sinnúmero de dificultades para ser impulsado. Aunque sólo sean las que plantea y se derivan del cumplimiento e interpretación de la legislación vigente. Si además los recursos escasean y se trata de una actuación controvertida, la cosa se puede complicar todavía más hasta el punto de llegar a convertir las urnas en una auténtica gatera donde se puede uno dejar una buena parte del pelaje o si se prefiere, del respaldo social o político que atesora.

Pero, claro, para qué se gobierna, solamente para continuar gobernando? O para mojarse, arriesgarse y si fuera necesario jugarse el tipo, políticamente hablando, al servicio de una causa y de un proyecto en beneficio del interés público?

Sin duda alguna, la respuesta es una mezcla no equilibrada de las dos cuestiones, pero primero debería ser lo segundo y después lo primero.

Sin embargo, está claro que todo el mundo  no lo entiende de la misma manera.

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