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Envalentonados, pero intranquilos

Así vamos a dejar el Estado del bienestar

Hace unos días tuve el capricho, reconozco que un tanto morboso, de leer un artículo de González Pons publicado por El País, en el que básicamente pone a caldo la política de Zapatero, a la vez que remarca lo bien que lo hizo el PP cuando gobernó y lo bien que lo va a hacer cuando gobierne “próximamente”.

En el tono demagógico y autocomplaciente que le caracteriza, hace un socorrido recorrido por los errores cometidos por Rodríguez Zapatero a consecuencia de los cuales está España, prácticamente, en la Unidad de cuidados intensivos.

Un par de cosas me llaman la atención en el discurso que utiliza, más allá del paseo  tópico por los lugares comunes que acostumbra a frecuentar los fines de semana, eso sí, en vaqueros y con complementos de entretiempo. La primera de ellas es que habla de Zapatero en pasado, como si ya no ejerciera como Presidente del Gobierno y Secretario General del Psoe, lo cual a mi entender pone de manifiesto que el PP todavía no ha encontrado el espacio donde jugar lo que queda de partido. Porque no parece consciente de que, partido, queda.

Las encuestas han comenzado a moverse y a acortar distancias, tras el reciente anuncio del Presidente de no concurrir a las próximas elecciones generales. Las movidas madrileñas que organizan a través de sus múltiples brazos sociales no suscitan el eco y la respuesta por ellos esperada. Por otro lado, parece manifiesto el temor que tienen a que Zapatero pueda capitalizar en alguna medida el final de ETA, motivo por el cual no dudarán en llevar al borde del precipicio el Pacto antiterrorista.  Y qué decir de esa  descarnada,  implacable y sistemática leña que le dan a diario a Rubalcaba, por si fuera él…

Y mientras tanto Aznar recordándonos a cada instante lo mucho que hay que confiar en Rajoy…

Son circunstancias todas ellas que nos hablan de que en ese prominente y acorazado pecho que tan a menudo sacan, albergan ciertas dosis de inquietud.

La segunda cuestión. González Pons, sin duda el más creativo de los demagogos y  tergiversadores de la verdad de cuantos tiene el PP, en el mencionado artículo, elude en todo momento, porque no es su estilo, entrar en el meollo de la cuestión. Es el suyo un verbo florido que sin embargo brota de un espíritu simple. Razón por la cual evita referirse al auténtico origen de la crisis, a la dictadura impuesta por el sistema financiero, a la preocupante situación real de nuestra banca, verdadera responsable de gran parte de la inactividad económica del país, o al bajo nivel de cualificación de muchas de nuestras empresas, más preocupadas secularmente y salvo excepciones, por hacer caja que por crear riqueza. No son éstos, detalles menores.  Antes, bien al contrario, constituyen aspectos sustanciales de por donde deben iniciarse las indagaciones, si verdaderamente se desea saber cómo podemos salir de esta situación. Esta claro que en este tema, como en tantos otros,  el PP, aunque enseñe la cesta, no está a setas, sino a rolex.

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