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El Zuera posible (III)

Unir fuerzas

Después de plantearnos el gran interrogante acerca de qué querrán los zufarienses para su futuro, si están conformes con lo que hay, si les puede el desánimo y la modorra o si, por el contrario, desean que las cosas cambien y Zuera recobre el impulso transformador que caracterizó a todas las Corporaciones socialistas, incidimos en la necesidad de que el primer mensaje que llegue a los oídos de los electores sea de corte moralizante. Es decir, de denuncia de todas aquellas cuestiones y situaciones que van más allá de la mala gestión, la desorganización y el deterioro económico. Denuncia de todo aquello que puede ser considerado no sólo como un insulto a la inteligencia de los zufarienses, sino también como un descarado menosprecio hacia el sentido general de decencia y de honradez. Se trata de múltiples actuaciones y comportamientos que convendría hacer visibles o visualizables como requisito previo e imprescindible, a la necesaria labor de desenmascaramiento que habitualmente precede al deseo de cambio.

El segundo elemento es la ilusión. La ilusión constituye un ingrediente, no suficiente, pero siempre necesario para impulsar cualquier cambio transformador. Al discurso socialista siempre le han sido inherentes unas poderosas dosis de ilusión. No hablamos de vender humo, sino de aliñar principios, ideas y compromisos políticos con la esperanza, la convicción y la garantía del esfuerzo que hará posible mejorar la realidad del conjunto.

Ilusionar a la gente no es tarea fácil, sobre todo si ésta viene de estar sumida en un largo periodo de  letargo y escepticismo. Las personas, y los tiempos que vivimos invitan a ello, tenemos una gran tendencia al acomodo, a asumir cuanto acontece como algo inevitable, como si fuera dictado por el destino. Craso error. Todo es susceptible de ser cambiado, pero no hay que esperar a que los cambios se produzcan como consecuencia del hartazgo y la degradación, porque dado el caso, el municipio, llegado ese momento, habrá perdido una buena parte de sus oportunidades. Hay que provocar el cambio antes de que todo huela a desorden, abandono o putrefacción. Y para eso es necesario resucitar la ilusión, como fuente de energía y como paso previo a la necesaria movilización social, tercer requisito imprescindible para encarar la batalla de las urnas. No hay que olvidar que las elecciones no las ganan los Partidos, sino los electores, es la voluntad de los ciudadanos, en última instancia, la que hace tambalearse a los gobiernos. Unos ciudadanos bien informados, conocedores de cuanto está aconteciendo a su alrededor y de las alternativas de futuro que se les plantean. Cuando se consigue sintonizar e ilusionar al tejido social, la eficacia de los mensajes se multiplica y amplifica de manera irresistible y arrolladora.

He ahí la cuestión: sintonizar, ilusionar, movilizar. Partamos de la base de que toda labor propagadora de una idea o de un proyecto, debe tomar en consideración con carácter previo los caracteres e incluso el estado de ánimo del marco donde se pretende actuar. En nuestro caso se trata de una sociedad cuyas tendencias, como decíamos en la primera parte, aparecen como muy encajadas o consolidadas desde hace más de dos décadas. En Zuera dichas tendencias se ha mostrado mayoritariamente favorables al Partido Socialista en todo cuanto se refiere a la órbita municipal. Pero también, aunque de manera más sujeta a coyunturas, en el resto de los marcos electorales: autonómico, general o europeo. Así se puso de manifiesto incluso en 2007, cuando el PSOE pierde las locales, pero gana las autonómicas.

No es una mala base para volverlo a intentar, sobre todo si tenemos en cuenta una cuestión: el legado de las anteriores Corporaciones Socialistas continúa siendo un patrimonio del PSOE, que la derecha no ha sido capaz de arrebatarle, por más que lo hayan intentado y continúen haciéndolo. Hoy por hoy todavía continúa estando vivo en el imaginario zufariense que el progreso del municipio está asociado a los gobiernos socialistas.

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