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El Zuera posible (II)

Tres elementos básicos –pero no únicos- debería, a mi juicio, potenciar el Partido Socialista si aspira a ganar las próximas elecciones y, de esta forma, volver a rentabilizar todos los activos que contiene el pueblo de Zuera, y que hoy languidecen en sus múltiples compartimentos estancos, por la ausencia de un liderazgo institucional potente y libre de sospechas.

El presente mandato, sometido en todo momento al imperativo caprichoso e interesado de determinados cargos municipales va a dejar tras su paso un terreno baldío y, durante mucho tiempo, estéril. Los ciudadanos, hombres y mujeres, deberían ver con claridad que ese terreno, que unos consideran una mera plataforma para sus propios negocios y otros, para alimentar sus pretensiones de mantenerse en el poder, les pertenece. Es decir, que lo del Ayuntamiento, en contra de lo que algunos piensas, no es que sea tierra de nadie, sino que es territorio del Común. Y que nadie permanece impasible cuando el administrador en cuyas manos ponemos nuestra hacienda o nuestros asuntos personales se olvida del cumplimiento de las cláusulas del contrato. Por eso pienso que el primer mensaje que debe llegar a los ciudadanos o a los electores de aquí al mes de mayo, debe ser de alto contenido moralizante y regenerador de los valores que enaltecen el ejercicio de la política. Es decir, el servicio público y el fortalecimiento de las instituciones como instrumento transformador, corrector de injusticias y engendrador de progreso y bienestar. Sólo  con un discurso claro y un espíritu generoso y altruista, es posible poner en evidencia el tinte mediocre y mercantilista que está caracterizando la actual coyuntura. Un discurso que, en modo alguno garantiza poderosos cambios en la intención del voto, pero que se hace imprescindible para purificar el ambiente y  hacer una inicial demarcación del territorio entre la zona contaminada por la incompetencia y las corruptelas y aquella otra que puede aportar el anticuerpo de la regeneración. Decididamente la primera tarea que habría que acometer es  de carácter higiénico o, si se prefiere, sanitario, porque nuestra primera y principal institución, el Ayuntamiento, está enferma.

Como hay sectores sociales que viven de espaldas a este tipo de afecciones institucionales o, incluso, se benefician de ellas, es de suponer que o bien se muestren escépticos  ante cualquier tratamiento terapéutico o, incluso, reaccionen en contra de su aplicación. Es lógico, porque hay que recordar que esto no es una historia entre buenos y malos, sino entre diferentes maneras o perspectivas de entender y utilizar la política que se basa en intereses y se materializa en hechos  concretos. En este sentido, no haremos mal en repetir una vez más, que a éste lado de la frontera los intereses que primen deben ser siempre los generales, los del conjunto, aquellos que mayor fortaleza y cohesión social proporcionen al pueblo de Zuera.

Es una vez bien delimitado el campo de la ética y de los convencionalismos morales, cuando resulta más asequible el acceso al feudo del corazón. Cuya puerta, eso sí, sólo se puede franquear con la llave de la credibilidad y de la ilusión.

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