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El Zuera posible (I)

Hay una frase o un aforismo muy contundente que la gente acostumbra a pronunciar de una manera un tanto “catártica”. Se trata de aquella que dice que “el tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio”. No le tengo mucha simpatía. Normalmente poner las cosas en su sitio equivale a  que las cosas vuelven a un determinado lugar donde, en un momento dado, dejaron de estar. Pero, claro, esto siempre es a juicio de quien así se expresa.  Es decir, que tal aseveración, habitualmente, contiene una amplia carga subjetiva.

Prefiero aquella otra igual de manida, pero menos severa de que “el tiempo confiere perspectiva a los acontecimientos”. Me parece más real, más verdadera o más objetiva. Pero sólo si mantenemos ciertas distancias y renunciamos a los detalles o primeros planos. Digamos que es válida y más generalmente admitida, si de contemplar el paisaje se trata.

Veinticuatro años de gobiernos socialistas en Zuera han conseguido introducir en el municipio verdaderos cambios de estructura. Cambios que no son ajenos a las circunstancias envolventes del país, pero que, sin embargo, responden o se han establecido sobre una realidad concreta y singular y, como tal, distinta a la de otros municipios. Aclaremos que ni peor ni mejor, solamente específica.

Durante este tiempo, es evidente, que Zuera se ha modernizado, aunque este hecho sea percibido con mayor claridad por los adultos que por los jóvenes, ya que, por su propia condición, carecen de la suficiente y susodicha  perspectiva temporal.

Sin embargo social y políticamente hablando, se diría que el municipio continúa sujeto a unos parámetros tanto en los comportamientos sociales como en las tendencias políticas muy semejantes a las existentes a finales de los años ochenta. Hablo de tendencias, no de resultados electorales, ya que estos son muy aleatorios en función del número de partidos que se presentan a las elecciones, de coyunturas y de otros aspectos como el perfil que arrojan los candidatos, especialmente los cabezas de lista.

El aspecto más relevante que nos ofrecieron las últimas elecciones municipales fue la victoria en votos del PP. Con una mayoría insuficiente, pero muy relevante a la vista de lo que venía reflejando el histórico electoral, en el cual siempre había aparecido el Socialista como el Partido con mayor capacidad para captar votos.

Un análisis de urgencia, que en estos momentos creo que está superado, llevó a achacar los resultados negativos, a la situación de crisis que vivió el Psoe en Zuera al final del anterior mandato y del cual se derivó la desafección de parte de sus votantes, por razones que en estos momentos creo que están, en buena medida, salvadas. Aunque no totalmente superadas.

Como este tipo de situaciones son valorables, pero difícilmente cuantificables, Luis Zubieta, que se ha curtido y fortalecido mucho durante estos últimos cuatro años en la Oposición, tendrá que volver a acudir a las urnas, al año que viene con ese punto de incertidumbre.

Sin embargo, el gran interrogante que se abre en el momento actual en el que la mayor parte de los observadores coinciden en que “corren otros tiempos”, es si el actual gobierno municipal PP-Par, responde a una determinada coyuntura, producto de unas circunstancias accidentales o, por el contrario es consecuencia de un tibio pero suficiente cambio de tendencia. Habría también que tomar en consideración, en este supuesto, si la labor de gobierno llevada a cabo durante estos últimos cuatro año está resultando lo suficientemente rotunda para afianzar el voto necesario para que el PP se mantenga en el poder. Éste no solamente será el segundo elemento de incertidumbre al que deberá hacer frente la candidatura que presente el Partido Socialista, sino que constituye la verdadera piedra angular del futuro que  a Zuera le aguarda. Es decir, si el pueblo de Zuera, que aguantó y respaldó con sus votos el ritmo de cambios promovidos por los sucesivos gobiernos socialistas durante varias décadas, está preparado y dispuesto a que el municipio retome el impulso transformador y de progreso que lo caracterizó durante una larga etapa o, por el contrario, los zufarienses de hoy, sometidos y resignados a la crisis, y más absortos en sus entornos personales, familiares y profesionales, deciden que les gustan las cosas como están y por lo tanto, optan por permanecer, cabreados o no,  sumidos en el sopor.

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