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El Zuera expectante

El barrio de San Juan

Para algunas personas que tuvimos el privilegio de asistir muy de cerca  a las sustanciales transformaciones que experimentó el municipio de Zuera desde la primera Corporación democrática hasta ya mediada la primera década del presente siglo, la sensación de que hay que dar por cerrada una etapa tanto desde el punto de vista social como económico deja poco lugar a dudas.

Tal percepción significa que hay que volver a replantearse el municipio. Es decir, a hacer nuevas proposiciones, a marcarse nuevos objetivos y a idear nuevas estrategias que hagan posible alcanzarlos. Tras esta perspectiva subyace una visión del municipio como un ente dinámico, donde concurren un gran potencial de recursos territoriales, estratégicos y patrimoniales, así como unos activos en materia de recursos humanos insuficientemente valorados y, por consiguiente, deficientemente rentabilizados.

Esa nueva lectura de lo que podríamos denominar el “Zuera expectante” está todavía por hacer. Es decir, partiendo de la realidad consolidada y el impacto que sobre la misma está ejerciendo la actual y no sabemos hasta que punto destructiva coyuntura de crisis, llevar a cabo una proyección del municipio que nos permita vislumbrar la realidad social, cultural y económica en la que nos gustaría desenvolvernos dentro de unos cuantos años. Tal vez, pensar en una década sería lo razonable a efectos de posibles planificaciones.

Desde mi punto de vista la dinámica transformadora a la que me refería al principio, se ha visto truncada los últimos años no tanto por imperativos de la ya mencionada crisis, cuanto merced a otra serie de circunstancias más relacionadas con la ausencia de programas y objetivos claros que con la falta de recursos. Aunque, ciertamente, no debamos infravalorar este último aspecto, tampoco es difícil interpretar que en cualquier proceso de gestión o administración es mucho más perjudicial no tener ideas que no tener dineros. Las primeras nos llevan a la búsqueda de salidas y alternativas, pero los segundos sin el soporte de aquellas, desaparecen sin apenas dejar huella en la órbita del interés general.

Tanto si imputamos la paralización que hoy padece el municipio a la actual y generalizada crisis o a otro tipo de circunstancias de carácter más local, pero en absoluto colaterales, la ocasión la pintan calva para acercarse a la realidad con espíritu innovador y desprejuiciado. Cuando cambie la coyuntura por la que atravesamos, surgirá un nuevo escenario y aquellos que hayan sabido trazar el guión más acorde al paisaje que surja tras el seismo serán los que tengan mayores oportunidades para llevar a cabo su proyecto de futuro. Porque de eso se trata en definitiva, de proyectar  el futuro. Para lo cual y como es lógico, es requisito indispensable creer en él.

Zuera que sigue estando localizable en los mapas en el mismo lugar de siempre, ocupa hoy, sin embargo, una mayor y muy considerable superficie urbana, residencial e industrial. El 90% de sus equipamientos tanto públicos como privados son de reciente creación, pero todavía sufre carencias importantes. Los sectores económicos que la configuraban hace dos décadas han experimentado importantísimas transformaciones, invirtiendo tendencias hasta relegar la agricultura y la construcción de las posiciones preponderantes que ocuparon hasta muy entrada la segunda mitad del siglo XX. Hoy en día, la capacidad que el municipio ha mostrado para acoger nuevos emplazamientos, el crecimiento demográfico y muy significativamente la proximidad con la ciudad de Zaragoza han traído como consecuencia que el sector servicios se haya aupado por encima del resto de los sectores económicos, generando un cambio social en el que todavía estamos inmersos, pero sobre la cual como venimos apuntando, todavía no se ha hecho la adecuada valoración.

Aunque en este momento no se den todas las condiciones para efectuar un análisis sosegado, sí podemos afirmar sin lugar a equivocarnos que el hipotético pero posible relanzamiento del municipio no surgirá en el periodo que abarca el actual mandato municipal. Sin embargo, si supondrá éste, el inevitable punto de partida sobre el cual habrá que comenzar a configurar un nuevo modelo.

Cuando al final de los 70,  principio de los 80 se hicieron cargo de los Ayuntamientos las primeras  Corporaciones democráticas, la oleada de esperanza y de ilusión que invadía el país supuso, no sólo una experiencia seguramente irrepetible, sino sobre todo, una fuente de energía que parecía incontenible e inagotable. La empatía que existía entre gobernantes y ciudadanos permitió a las administraciones públicas dar verdaderos pasos de gigante en orden a la modernización del país en su conjunto y, muy particularmente, de los municipios. Bien es cierto que en aquellos momentos eran tales las carencias existentes de todo tipo, que tan sólo con el coraje y el sentido común parecían poder alcanzarse las metas más anheladas.

Hoy sin embargo la situación es muy distinta, disponemos de un país más estructurado y todos los municipios están infinitamente mejor dotados que en aquellos años, pero impulsar el desarrollo que puede estar al alcance de un pueblo como Zuera constituye una tarea no menos ardua y, sin duda, mucho más compleja y dificultosa.

Existe, no obstante, una ventaja, y es que desde el punto de vista cuantitativo existe menos competencia. Zuera es uno de los pocos pueblos de Aragón que si sabe utilizar sus recursos y jugar sus bazas correctamente, tiene un puesto asegurado en el panel de los posibles referentes de progreso. Ya lo tuvo en su momento y puede volver a tenerlo.

La primera premisa a tener en cuenta en orden a incardinar un gran proyecto de renovación y relanzamiento del municipio es sin duda el estado de opinión latente en el entorno que constituye el campo de operaciones. Lo cual exige una labor de indagación tan exigente como imprescindible. Sólo partiendo de soportes muy realistas y verificados, se puede articular un proyecto con expectativas de éxito. No en vano, el conocimiento del territorio se puede hallar en la primera página de cualquier manual de estrategia que  se precie. Es el plano orográfico sobre el cual hay que comenzar a trazar expectativas, hipótesis, diseñar movimientos y prever imponderables.

Sería deseable que cuando se acerquen las próximas elecciones municipales, los Partidos políticos que concurran a las mismas, hayan hecho los deberes y nos ofrezcan y, a ser posible, nos ilusionen con el fruto de sus análisis convertido en propuestas viables y convincentes. He ahí lo que, en mi modesta opinión, constituye una de las tareas fundamentales a la que deben dedicar un tiempo todas aquellas personas que aspiran a merecer la confianza de los ciudadanos.

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