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El Zuera de SZ

Hace unos días llegó a nuestras manos el austero e ilusionado boletín que el grupo político Somos Zuera ha tenido la gentileza de hacernos llegar. Tras una primera y atenta lectura de la publicación, dos cosas nos han llamado poderosamente la atención. Una, la buena voluntad por la que parece estar guiado y otra, el contento y la emoción que destilan sus autores. Ambas cosas se nos antojan estimulantes y esperanzadoras.
Sin embargo, tal vez sean imaginaciones, da la sensación de que la publicación, ofrecida al conjunto de la sociedad zufariense, se ha redactado pensando especialmente en un determinado público. Solo así se entiende el tono friendly que emana de sus páginas que parece obviar la complejidad que hoy caracteriza al conjunto de la comunidad a la que se dirige.
Sin duda su contenido hará las delicias de sus votantes y de muchas personas, no necesariamente ubicadas a la izquierda del espectro político, que posiblemente verán en ella una corriente de aire fresco.

El texto de la publicación, que bien podría ser cuestionado en su conjunto por su falta de concreción, su voluntarismo y sus evidentes destellos de autocomplacencia, nos aporta, sin embargo, una mirada nueva y en muchos aspectos reveladora, sobre la realidad cotidiana asociada a la actividad municipal. Se diría que sus redactores contemplan su presencia en la Corporación como un punto de inflexión entre el antes y el después de la política municipal. Del cual serían ellos los artífices. Si bien lo bueno que contiene dicha actitud es que rezuma ilusión, tal vez su percepción resulte demasiado risueña.
Todos los equipamientos y espacios públicos donde se desarrolla las actividades que les competen ya estaban en su sitio. Y sobre ellos, interviniendo, un consolidado tejido asociativo. Nos complace que se potencie dicho tejido, pero suena excesivo que se arroguen en exclusiva para sí dicho mérito, como parece desprenderse de la lectura.
En cualquier caso, el hecho de mantener informados a los ciudadanos ya nos parece una muy saludable y necesaria iniciativa. Inevitablemente, como en cualquier medio de parte, la información que se nos ofrece es selectiva, escoge unos temas y prescinde de otros. Después viene el sesgo, la perspectiva desde la cual se nos informa, siempre prefijada por los objetivos o intereses que se defienden. Los generales, los de grupo y los personales. Todos ellos entrelazados, como es natural. Eso sí, hurgando un poco, se hace patente el desconocimiento profundo de la realidad, que si bien hoy por hoy, en su caso, puede ser tolerable, dentro de poco no lo será. No es fácil encontrar en la calle el grado de indulgencia con la que ellos mismos se auto esculpan de sus limitaciones.
Quizás en próximas publicaciones y dentro del marco sincero en el que se expresan, debieran intercalar una cierta dosis de autocrítica, no solo justificaciones. Los partidos políticos solo acostumbran a practicarla cuando irremediablemente suena ya a lamento. Es decir, cuando vienen mal dadas.
Parece también desmedido que en la primera página se califique de “análisis político” lo que básicamente, es un desiderátum y bienintencionado informe del trabajo que realizan en las dos áreas que gestionan: Cultura y Medio Ambiente
En el discurso político es difícil sustraerse a los tópicos, las demagogias y las verdades a medias, pero conviene intentarlo. No resulta en modo alguno innovador ni progresista que desde determinadas tribunas se nos hable del sentido común y de la coherencia, sin que se nos matice el significado de dichas palabras. Ambas le encantan a Rajoy, por ejemplo. “Construir comunidad” es una bella expresión que, sin embargo, se antoja vaporosa y evanescente, vacía de contenido. Así mismo, se halla prescindible la jabonada destinada al personal. Al personal que cumple con sus funciones hay que rendirle el reconocimiento que se merece, pero sobre todo, organizarle bien la faena. Es decir, respetar sus derechos, dotarlo de medios y aquilatar su rendimiento.

Un poco de refilón se hace mención al deseo, la voluntad o la conveniencia de re municipalizar determinados servicios. Pero tampoco se nos aportan las razones que lo harían deseable. O es un mensaje en abstracto o un mero brindis al sol. Lo que sí procede es optimizar su funcionamiento, estén aquellos en manos públicas o privadas. Lo cual en ambos casos exige una esmerada y permanente evaluación por parte de la Administración. De su organización y gestión, en el primero de los supuestos, y extremando los controles, en el segundo. Es de todo punto aconsejable antes de dar determinados pasos, que estos vengan avalados por estudios rigurosos que aconsejen y apunten al beneficio de llevarlos a cabo.
Respecto a su particular sistema de interlocución con la sociedad, como grupo político, si tenemos en cuenta la información que ellos mismos proporcionan a través de las redes sociales, se nos abren grandes dudas acerca de su eficacia. No porque pongamos en cuestión el procedimiento asambleario, que puede ser compatible con el representativo, sino por el nivel de participación que suscitan. Una cosa son las urnas, los votos y la representación y otra muy distinta supeditar los posicionamientos corporativos a la opinión de un exiguo número de simpatizantes.
En resumidas cuentas, que sin dejar de reconocer, la carga de ilusión y bondad que transpira la publicación, consideramos que también pone de manifiesto la ausencia de un verdadero proyecto político. Una vertebradora estructura que ordene el conjunto y en la cual tenga encaje todo lo que se nos cuenta.
Como es sabido, cuando se acude a las urnas eso de la voluntad, tanto si es buena como regular adquiere poco valor de cambio. Lo que resulta verdaderamente determinante es el sedimento que arroja el trabajo realizado y la respuesta dada al variopinto e inagotable “qué hay de lo mío”. Unido, claro está, a todo tipo de variables.
Las próximas elecciones ya no serán como las pasadas, no en vano arrastrarán consigo el peso de sus decisiones. Buena suerte.

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