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El rapto de Mariano

La crisis económica se precipitó sobre la acción de gobierno como una lluvia torrencial provocando una gran inundación que vino a trastocar y enfangar la casi totalidad de los planes del gobierno de Zapatero.

La cuestión era qué hacer ante una situación  imprevista de semejante alcance y de tan extraordinarias e imprevisibles consecuencias.

Ante circunstancias de esta naturaleza, de entrada los planteamientos  a adoptar no pueden ser otros que los que nos proporciona  el llamado sentido común: primero hacer frente a la avenida y después, recuperar la normalidad. Son dos momentos distintos. En el primero, necesariamente hay que improvisar, proteger, socorrer, etc…, salir al paso de los múltiples imprevistos y destrozos con la mayor urgencia posible, neutralizar el impacto  y tratar  de evitar que los daños causados sean irreparables.

En el segundo, el enfoque debe ser distinto. Nada de perder tiempo, pero tampoco, de precipitarse. Porque en este caso el objetivo es doble: recuperar la normalidad, en primer lugar y, acto seguido o, simultáneamente, adoptar las medidas necesarias para que la situación no se vuelva a repetir.

Sin embargo, es esta segunda fase la que nos proporciona la nada despreciable oportunidad de incorporar en el proceso saltos cualitativos que repercutan positivamente en el largo plazo. Depende si al   renovar infraestructuras, instalaciones y sistemas, lo hacemos pensando en que todo vuelva a funcionar como antes, o lo hacemos pensando   en que todo vuelva a funcionar mucho mejor.  Cuando optamos por esta segunda opción se supone que hemos decidido  hacer “de la necesidad, virtud”. Lo cual implica trazar planes y marcar objetivos más interesantes y ambiciosos, pero también asumir mayores riesgos.

Es decir, se trata, en definitiva, de aprovechar el desastre para resurgir, ampliar las posibilidades de desarrollo y salir finalmente de la situación de crisis más fortalecido, que es tanto como decir mejor preparado para competir y encarar el futuro con mayor solvencia y mejores expectativas de éxito.

Esto es lo que está intentando hacer Zapatero, con mayor o menor acierto, y eso es lo que está intentando obstaculizar el PP y su presidente, Rajoy, cada vez que se les presenta la ocasión.

En estos momentos nos hallamos entre la primera y la segunda fase, la torrentera ha sido de tal calibre que todavía no somos verdaderamente conscientes de la magnitud de los daños, todavía estamos terminando de evaluar. Pero ya se apunta el camino que ha de conducirnos a la salida, a la recuperación. Camino que, por supuesto, está todavía por recorrer.

La opinión pública intuye, y en gran medida entiende, que sería bueno para el país, que ese camino lo recorrieran las fuerzas políticas, juntas. Sin embargo ello choca frontalmente con la estrategia del PP, que cifra sus mejores expectativas para llegar al poder a corto plazo, en aliarse y hacerse cómplice de la crisis. Es su particular manera de concebir el juego político y creo, que también el Patriotismos, porque lo hace por “lealtad a España”.

En este contexto de sistemático desencuentro que sostiene el PP con las políticas que está llevando a cabo el gobierno, la intervención  de Rajoy  ayer, en el Parlamento alcanzó un punto de paroxismo sin precedentes, cuando se dirigió a la bancada izquierda  para instar a los parlamentarios socialistas a que prescindan de su  compañero, Secretario General y Presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. A falta de autoridad, de recursos tácticos y de determinación para presentar una moción de Censura, y sin elecciones a la vista, Rajoy que ya perdió las dos últimas convocatorias, en un alarde absurdo de cinismo, pretende que sea el PSOE quien le haga el trabajo que él no es capaz de hacer.

No sé si habrá un oportuno y progresivo cambio de coyuntura económica que haga viable un tercer triunfo de Zapatero en las próximas Elecciones Generales, pero tal vez lo que pudiera  impedir  la persistencia de la crisis, lograra hacerlo posible el liderazgo de Rajoy: que el PSOE vuelva a ganar las próximas elecciones.

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