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El pino de Valdenavarro

Sin duda se trata del árbol con mayor carga mítica de cuantos se alzan por el territorio municipal. Situado en el extremo oeste del municipio, durante décadas –por no decir históricamente-  ha permanecido fuera del alcance de una buena parte de los zufarienses: bien porque éstos no disponían de adecuados medios de desplazamiento o bien, porque no sabían donde se encontraba. El caso es que la distancia, la falta de medios y el desconocimiento preciso de su ubicación han sido elementos que han contribuido a crear en torno suyo un cierto halo de  leyenda. El pino de Valdenavarro pasa por ser el más grande del Pinar de Zuera, al menos en cuanto al contorno de su tronco se refiere. Es cierto que hace falta al menos el concurso de tres personas para poder abarcarlo. Aunque también es posible que haya otros más voluminosos.

En cualquier caso, está fuera de dudas que constituye uno de los elementos más queridos y admirados de cuantos conforman el patrimonio cultural y  emblemático del municipio y su existencia ha contribuido, y contribuye, a alimentar el imaginario colectivo.

Cuando nos hemos plantado delante de él, lo hemos hecho movidos por la curiosidad y presos de la  expectación que genera ir a ver un elemento fundamental de la imaginería zufariense. Al fin y al cabo se trata de monumento vivo  cuyo descubrimiento  viene precedido no sólo por la fama, sino por un anticipado sentimiento de afecto o adhesión que normalmente no queda defraudado, cuando se llega a contemplar.

El Pino de Valdenavarro está mayor. Circunstancia que no le impide conservar una presencia imponente, robusta y hercúlea. Esa es la primera sensación que vamos experimentando, a medida que nos vamos acercando a él. Su contemplación a los que somos de por estos lares nos provoca un sentimiento mezcla de admiración y ternura. Con el paso del tiempo ha sido víctima de múltiples asedios, unos procedentes de la naturaleza y otros,  de difícil explicación. A consecuencia de unos acontecimientos y otros, hoy el pino ha perdido una buena parte de su antigua frondosidad, circunstancia que, sin embargo, no nos impide apreciar bajo su cobijo, todo un espectacular tejido de brazos que a manera de fornidos tentáculos, le confieren un aspecto un tanto atormentado Pero, ahí está

Su vista admite múltiples perspectivas y es emocionante girar en torno suyo hasta obtener de él su semblante más fotogénico. Si se quiere tener idea de sus proporciones no hay que fotografiarlo muy de lejos, porque su presencia pierde potencia, y se diluye en el entorno. Aunque siempre  viene bien una imagen que encuadre el objeto en su medio.

Sin embargo resultan más expresivas y ricas en matices las imágenes tomadas a distancias medias e incluso cercanas. Sin olvidar los contrapicados, que nos ofrecen sugerentes imágenes de una maraña de poderosos nervios que siguen dando fe de su evidente fortaleza.

Los interesados en visitarlo deben situarse en el kilómetro 16 de la carretera que conduce de Villanueva de Gállego a Castejón de Valdejasa, fácil de identificar porque en ese punto existe una caseta donde acostumbran a aparcar visitantes del pinar. Allí arranca un camino hacia el Oeste que hay que seguir hasta llegar, y dejar atrás, una antigua explotación agrícola, hoy en estado de ruinas: la Casa de Cagarroz. Una vez recorridos unos cientos de metros, aparece un camino dirección Norte que conduce hasta el vértice Esteban. Cogiendo ese camino no tardaremos en divisar el Pino de

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