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El fervor de las consignas

Uno de los principales problemas que se ciernen sobre la nación española en estos momentos es la existencia de una oposición “chandra e irresponsable” cuyo objetivo prioritario no consiste en defender los intereses de España, sino llegar al poder a cualquier precio y, a ser posible, cuanto antes. No voy a abundar sobre esta cuestión porque bastante ración nos tenemos que tragar a diario de demagogia, deslealtad y sandeces.

Voy a cometer una vez más la ordinariez de defender a Zapatero, a su persona, maltratada injustamente como pocas, a su visión solidaria de España, cuya perspectiva comparto, y a la política económica que contra viento,  marea y puñalada trapera, está intentando sacar adelante.

Como todos sabemos el PP es un fiel contenedor de algunas esencias del franquismo. No digo que todos los que allí estén lo sean ni, mucho menos, quienes les votan. Pero haberlos, haílos y ni son pocos ni se esconden, para contrariedad, a veces,  del melifluo Rajoy. Y digo a veces, porque estos echan mano de la caña, el mimbre o la anea según les conviene.

No porque ya tenga “una edad” – nunca he tenido claro, qué coño quiere decir eso. Aunque me lo imagino-, sino porque comencé a leer los periódicos a una edad muy temprana, recuerdo perfectamente lo que eran las consignas franquistas. “Orden o instrucción que se da a un subordinado o a los miembros de una agrupación política o sindical.”Esas órdenes emanadas del alto mando que obligatoriamente debían aparecer en las primeras páginas de los periódicos y con las que otros medios de comunicación debían abrir sus informativos. Las había, de diario, de coyuntura y de temporada. Todos a repetir lo mismo como loritos porque esa  era parte de la estrategia a seguir para convertir las mentiras en verdades, para manipular la realidad y para mantener desinformado al personal.

Pues bien, esa práctica que a mi me parece abominable por antidemocrática y por el desprecio y menoscabo que lleva implícitos hacia las personas a quienes va dirigida, que es la sociedad en general, viene siendo una constante en el principal partido de la Oposición desde que se fundó hasta el día de hoy. Cada mañana la factoría FAES, muñidora de la clásica estrategia “cuanto peor, mejor”, lanza a los órganos del PP, la receta, eslogan u ocurrencia del día, que Tedetés, radios y prensas afines reiterarán y enfatizarán de manera convenientemente enfervorizada hasta que, a ser posible, adquiera caracteres apocalípticos y devastadores.

Entre los temas sometidos a consigna con carácter permanente e incluso recurrente esta la figura de Zapatero. Zapatero como culpable de casi todo cuanto acontece de perverso y nefasto en nuestro país: de la crisis, antes, ahora y en todo momento; de las medidas contra dicha crisis, por supuesto, de la falta de medidas, por si acaso, y últimamente, de las tensiones que el Mercado  genera sobre la deuda que ese mismo señor nos ha hecho contraer en su único y exclusivo beneficio. Algún día nos tendremos que enterar de los nombres y apellidos del Mercado éste.

De todo parece ser culpable Zapatero. Si quienes mantienen esta tesis con mayor vehemencia fueran tontos, diríamos que tales afirmaciones son ridículas y como tales, carentes de interés y no merecedoras de nuestra atención. Pero como no lo son, y además existe un muy rentable y tentacular  negocio en torno a este tipo de prácticas distorsionadoras de la realidad,  hay que tomárselas en serio y combatirlas.

El otro día me dijeron que en los plenos del Ayuntamiento de Zuera, la cabecera del PP gusta de seguir disciplinadamente de estos usos hasta tal punto que tiende a incorporar una buena parte de los “males” locales por ellos creados, en el “debe” de Zapatero. Aquí sí que cabría al menos esbozar una sonrisa. Pero sólo eso. Acto seguido, aunque suene a ingenuo hay que decir que es mentira y hacerlo no con consignas, sino con argumentos. Ya sé que es menos práctico, pero es que nosotros de consignas no entendemos nada.

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