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Divertimento

Mou

Una de las más sutiles maneras que Mouriño ha utilizado en alguna ocasión para devaluar los méritos de Guardiola en su calidad de entrenador del Barcelona ha consistido en decir que si él fuese el dueño del Club (del Barcelona), lo contrataría  de por vida. Intuyo que bajo el manto de ese  aparente y amable  halago, lo que el portugués está intentando  trasmitir  es que el Pep, fuera del Barça no tendría éxito. No se sabe si sería un entrenador más o menos vulgar, pero, por supuesto, carecería del carisma que viene demostrando al frente de la escuadra barcelonista.

Es posible que su malévola y paternalista afirmación contenga algo de razón, no en vano, el Barça no sólo es el club de Guardiola de casi toda su vida, sino muy especialmente su club “del alma”. Cuestión ésta, cuya dimensión y alcance, seguramente al Mouriño le costará entender

No es la primera vez que el Mou, casi siempre de manera calculada, intenta humillar u ofender a algunos de sus compañeros de profesión, en uno de esos gestos que tanto prodiga y que tan poco le ayudan a hacer amigos. Podríamos decir que “es su problema”, pero no, no es sólo su problema. Está al frente de un Club mítico que se dedica a jugar al fútbol y que, además, es una de las empresas con mayor proyección internacional de todo el país. Por cualquiera de las dos razones, pero muy especialmente por la primera, todo cuanto acontece bajo su techo debería ser ejemplar. Tanto si afecta a los directivos, a la afición, a los jugadores o al entrenador. En este caso, de manera más especial al entrenador, una persona que padece un enfermizo afán de protagonismo, que le lleva a anteponer sus ansias de éxito personal y profesional a los intereses del club y de la afición para los que en la actualidad trabaja.

Decía Butragueño en una de esas intervenciones en las que logramos entender lo que dice, que “no lo han contratado para hacer amigos, sino para ganar títulos”. Pues que sigua por ese camino, que enseguida verá adónde conduce.

Yo pensaba –todavía lo pienso- que este año el  Madrid iba a triunfar, que obtendría títulos. Tienen una excelente plantilla y, según dicen, el mejor entrenador del mundo. Es posible. Sin embargo lo que estoy viendo los últimos tiempos, empieza a plantearme algunas dudas. Porque para un club como el Madrid, ganar todos los partidos menos el que verdaderamente tienen que ganar no soluciona sus problemas.

Ya se sabe lo que le importa el fútbol a Florentino. Nothing. Y ya sabemos lo que le importa la afición a Mouriño. Otro tanto parecido. Ambos están unidos en su ambición por los títulos, el éxito profesional y todo aquello que se sienten obligados a demostrarse a sí mismos para que el mundo entero los contemple y los idolatre. Pata negra. Me parece muy bien, porque mi sentir futbolístico no es blanco. Pero seré más explícito, porque a mí me gusta el deporte y en particular el fútbol y, en este sentido, el hecho de que prevalezcan los intereses particulares ya sean empresariales o simplemente profesionales sobre los deportivos, me parece algo nefasto para el espíritu que siempre debe regir cualquier tipo de competición. Por eso, si fracasa “ese modelo” una vez más, me alegraré. Estoy seguro de que mis amigos de la contra sabrán comprenderme.

Todo ese rollete de provocar las tarjetas por cuestiones tácticas como el día del Ajax, pone de manifiesto otro problema también muy preocupante y que en este caso afecta directamente a los jugadores. El hecho de que futbolistas, ídolos de grandes y chicos, de la talla de los implicados, sometan su particular sentido de la deportividad a las ocurrencias del, en este caso, “listo” del entrenador, tampoco dice mucho a favor de su imagen de integridad y de la ejemplaridad a la que obligatoriamente deberían quedar sujetos todos sus actos. Una cosa es la obediencia debida y el respeto a la empresa y otra la dignidad personal, que no mete goles, pero puede hacer ganar –o perder- grandes batallas en el terreno de la opinión pública.

Y termino. Es posible que Mouriño, al igual que no sé qué marca de  turrón, sea el mejor entrenador del mundo. No lo pongo en cuestión, ahí está su itinerario profesional, repleto de éxitos, más los que sin duda le quedan por conquistar. Es uno de los dos únicos entrenadores que ha conseguido ganar la Champion estando al frente de dos equipos bien distintos: Oporto y Mílan, y desde ese punto de vista, me merece todo el respeto.

Pero, qué quiere que le diga, hay gente que se conforma con los resultados, con los buenos resultados, claro. Yo, aunque no soy un buen aficionado, me reconozco más ambicioso en ese sentido. Me gusta que un equipo gane, el mío, cómo no, las victorias son lo único que provoca las grandes emociones y las satisfacciones plenas, pero lo que verdaderamente me hace disfrutar es el buen fútbol, ese que deriva de una conjunción de elementos dispares y difíciles de ensamblar: afición, socios, jugadores, prensa, técnicos, directivos, empresa, etc…Hay más y seguramente sea lo más importante: se trata de lo que los anglosajones denominan “know how” (algo así como “saber cómo). Un intangible intransferible, compuesto de una mezcla de lucidez mental e ingredientes emocionales al que sólo tienen acceso algunos privilegiados. En el Barça tienen uno.

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