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Crisis y decadencia

Perspectiva del Barrio de San Juan

Hoy tengo el sereno y creo que fundado convencimiento de que habrán de pasar unas cuantas décadas antes  de que Zuera vuelva a ser objeto de un impulso transformador semejante al  que han dejado patente las sucesivas corporaciones socialistas.

Seguramente tampoco  lo necesita, el mundo está hecho de momentos y miradas.

Las pocas dudas que tenía al respecto las ha venido a disipar la dichosa crisis y ese sentimiento generalizado, mezcla de temor, resignación e indiferencia, que parece haberse instalado en el municipio. Un sentimiento que le vuelve apático e insensible a la progresiva y soterrada involución a la que nos están arrastrando, tanto los ataques generalizados a la sociedad del bienestar y a los derechos ciudadanos, como la baldía representación política instalada en las instituciones locales. Es decir, la legítima, la derivada de los resultados electorales.

Recientemente hemos asistido, entre escépticos y un tanto perplejos a un penoso traspaso de poderes al frente del Ayuntamiento de Zuera, entre las dos personas que encabezaban la lista del PP, las últimas elecciones municipales.

Ni han quedado claras las razones de fondo que han motivado la ruptura del pacto existente entre los dos partidos de la derecha, el PP y el Par, ni mucho menos las que han llevado al anterior alcalde a dimitir. Al parecer, conserva su sueldo y una buena dosis de protagonismo, pero se desprende de las grandes responsabilidades y servidumbres que son depositadas en la persona que era “su” segundo y que ahora ha pasado a ser nuestro “primero”.

Las razones que en su momento fueron expuestas ante la opinión pública son de una inconsistencia y, sobre todo, de una hipocresía tan sobrecogedora que hacen sentir vergüenza ajena, a todas aquellas personas que todavía la conservan. Solamente una cosa ha parecido quedar claro después de contemplar tan lamentable espectáculo: que los acontecimientos parecen haberse alzado por encima de las luces y las habilidades de aquellos que tenían la obligación de controlarlos. Controlarlos y reconducirlos. Y no en aras de los intereses particulares de pretenciosos políticos de oficio, sino de aquellos otros que son los que verdaderamente justifican la existencia del Ayuntamiento. Es decir, los del interés general. Aquel que a todos concierne, en calidad de ciudadanos y vecinos de Zuera.

Como ya es del dominio público, no ha sido así. Hasta tal punto que la primera preocupación que muestra institucionalmente el nuevo Alcalde después de tomar posesión del cargo, eso sí, en el escenario apropiado, en el salón de plenos, es  un intento no pactado de subirse el sueldo.

Me parece descorazonador que en un momento como el que está viviendo el país, de verdadero y nada teatral dramatismo, y en una ocasión que se supone tan sublime en la  vida de una persona, la de ser elegido alcalde de sus conciudadanos – seiscientos de los cuales están en paro-, no encuentre asunto más prioritario que el clásico “qué hay de lo mío”. Sin embargo y como no hay mal que por bien no venga, tenemos que añadir, que ese inoportuno e irrespetuoso gesto ha resultado, además de ingenuo –su propuesta no salió adelante-, clarificador. Clarificador de lo que hay y de lo que podemos esperar. Se diría que existe entre ellos una corriente, no sé si doctrinaria, que les impulsa a supeditar el interés general al suyo particular como condición sine qua non para poder estar operativos.

El paraguas negro de la crisis está ocultando y en algunos casos justificando, la injustificable parálisis administrativa, gestora y emprendedora que sufre el municipio. La ausencia de presupuestos, la irresponsabilidad y la falta de actividad inversora tienen entumecida la maquinaria municipal hasta tal punto, que son las brigadas de limpieza y medio ambiente las que de un tiempo a esta parte ocupan el primer plano de la escena.

De difícil comprensión también se nos antojan los problemas surgidos con el colega, compañero, correligionario,  hermano en Cristo y alcalde de la hermana Entidad Local de Ontinar. Qué le pasa a la derecha de esta noble Villa de Zuera?  Tienen en sus manos el gobierno de la nación, el de la Comunidad Autónoma, el de la Diputación Provincial, el del Ayuntamiento de Zuera y el de la Entidad Menor de Ontinar del Salz, pero no están contentos, discuten, rompen pactos y crean crisis institucionales. Como si el negocio fuera suyo. Tanto poder para acabar siendo víctimas de los conflictos personales.

Harían bien nuestras autoridades locales en asumir, en primer lugar, que son políticos. Efímeros y mediocres, pero legítimos. Pertenecen a partidos políticos, concurren a elecciones políticas y ocupan cargos de responsabilidad política. Y que, por lo tanto, no es de recibo que reduzcan los problemas que nos afectan a todos a cuestiones personales y sometan la toma de decisiones a planteamientos sectarios.

Por nuestra parte, la de cualquier ciudadano perteneciente a la comunidad, tenemos

derecho a exigirles claridad, explicaciones y responsabilidades. No sólo porque es de nuestro dinero y nuestros impuestos de donde  obtienen sus jacarandosos sueldos, sino porque somos muchos  aquellos a quienes nos importa Zuera y sus problemas: los presentes… y los que ellos mismos están generando de cara al futuro.

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