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Comentarios al margen

Como suele ocurrir cada vez que acudimos a las urnas, se suceden de inmediato todo tipo de análisis de los resultados electorales. Primero, en caliente, después, en tibio y, con el paso del tiempo, algunas personas consiguen hacerlos incluso en frío. Mi comentario, en este caso, no tiene esas pretensiones, se reduce a una mera opinión o primera lectura de lo que aconteció en Zuera, la noche del 22. Ya habrá tiempo para los análisis en profundidad.

Resulta difícil en esta ocasión, después de echar un vistazo al panorama y contexto general que ha envuelto los recientes comicios, extrapolar lo sucedido en los ámbitos autonómicos y locales del paisaje global. Y al decir global, quiero decir global, ecosistema financiero internacional incluido. Lo cual no quiere decir que el Fondo Monetario Internacional o el BCI hayan determinado el resultado arrojado por la urnas instaladas en el Odón de Buen, pero sí que la situación de crisis, su gestión, la actitud y estrategia del Partido Popular, y todo lo demás han estado ahí.

El primer dato que a mi entender arrojaron aquí las urnas fue el fracaso del PP local. Aunque vayan a gobernar cuatro años más. En cualquier dirección hacia donde apuntemos observamos su inequívoco avance. En Ayuntamientos y Comunidades autónomas. Es tan evidente, que no merece la pena hacer mayor comentario. Por lo tanto, tiendo a interpretar que la causa fundamental de dicho fracaso, qué lógicamente habrán de intentar relativizar, se localiza en el marco municipal.

Cuando el actual alcalde aspiraba a su segundo mandato en el año 99, la bandera del PP ondeaba a todo trapo del brazo de Aznar, a caballo de su  tercer año triunfal con mayoría absoluta. Zuera dijo que no, y apenas habían transcurrido cuatro años del mayor conflicto social que este municipio había sufrido y que puso al Partido Socialista local contra las cuerdas.

En el 2007, la situación de crisis vivida en el seno de la Agrupación socialista a consecuencia del cambio de candidato y con un Par que también estrenaba cabeza de lista, se dieron unas condiciones excepcionalmente idóneas para que el PP por primera vez alcanzara la mayoría absoluta. Tampoco fue así.

Esta vez las circunstancias han sido las que todo el mundo conoce y a las que acabo de referirme someramente. No sólo no lo han conseguido, sino que incluso han bajado ligeramente de votos, en contra de la tendencia general de su partido. No sé a ciencia cierta cual es el techo electoral del PP en Zuera, porque Murphy es Murphy, pero tiendo a pensar que con su actual candidato no tienen más pescado por vender.

El Partido Socialista en Zuera, como siempre, aspiraba a ganar las elecciones, y no lo consiguió. Después de cuatro años de arduo trabajo en la Oposición y una excelente campaña electoral, y a pesar de la extraordinaria implicación de su electorado más fiel, no fue posible. Ahora se abre el tiempo para analizar, hacer autocrítica y sacar conclusiones. Estoy seguro de que lo van a hacer, mientras recuperan el tono vital y regeneran las ilusiones frustradas. Disponen de un excelente proyecto, al frente del cual se encuentra la persona adecuada, Luis Zubieta, y de un electorado que no solamente ha mantenido el tipo en la adversidad, sino que, con seguridad, velará las armas hasta la próxima convocatoria. Zuera es hoy una realidad distinta a la que era hace apenas una década y aunque mis compañeros han llevado a cabo un extraordinario y esforzado trabajo, los nuevos rasgos  sociales recientemente incorporados al municipio todavía no aparecen nítidos en el scanner. En este sentido, las urnas están aportando ya inequívocos indicadores, a los cuales convendría prestar atención en ese futuro que empieza ya.

Los votantes del Par, es de suponer, que estarán contentos. Tienen motivo para ello. Muy especialmente su candidato, una persona que está mostrando una gran determinación en la defensa de sus intereses y que a pesar de las sombras que han acompañado a su actuación a lo largo del anterior mandato y de las pésimas relaciones que mantiene con el alcalde, volverá a ser el árbitro y seguramente muchas más cosas a partir del momento en  que se constituya la nueva Corporación. No sé si esto es lo que deseaba el grueso del electorado zufariense, me temo que no, pero es lo que hay.

A partir de ahí se cierne un futuro incierto. No tanto en la estabilidad del nuevo Ayuntamiento, las partes ya se conocen y saben lo que quiere cada cual, cuanto  en el devenir de la vida municipal. Como ya he expresado a través de esta página, se avecinan unos años especialmente duros, en los que escasearán los recursos en mucha mayor medida que en los que dejamos atrás y si a ello añadimos, la falta de sensibilidad pública de la que nuestros recientes y presumiblemente futuros dirigentes hacen gala, es de suponer que Zuera continuará hundiéndose en la atonía social y económica y en la descomposición institucional.

No hace falta que diga que no soy ningún oráculo. Simplemente, me limito a emitir mi opinión.

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