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Come on! Zapatero

Zapatero

Las actuaciones sobre las que se asienta y consolida el progreso estable y duradero acostumbran a tener carácter estructural y, por lo tanto, nunca se desarrollan en un marco cortoplacista. Antes bien, todo lo contrario, requieren de una estrategia a medio o largo plazo, que permita, primero su encaje en el medio económico y social en el que tienen lugar y, acto seguido, su consolidación. Esos procesos, si están bien planteados, pueden admitir en su desarrollo un cierto grado de aceleración, pero lo que no resisten en modo alguno es la improvisación. Por otro lado, hay que contar, aunque es difícil de prever, que en este tipo de situaciones se suceden múltiples  secuencias que a su vez generan inesperados escenarios a cuyo paso hay que salir sobre la marcha.

La crisis

Esto viene a cuento de la encrucijada en la que está sumido el gobierno de la nación, nuestro gobierno, en todo cuanto concierne al Proyecto de ley sobre Economía Sostenible.  Y decimos el gobierno, pero también podríamos decir, el país.

Nos movemos en el marco de una crisis económica sin precedentes en nuestra historia contemporánea. Una crisis que, como es sabido, aunque algunos pretenden que lo olvidemos, tuvo su origen, en el  especulativo sector financiero, lejos de la denominada economía productiva y del mundo laboral. También sabemos, porque se ha repetido hasta la saciedad, -aunque al parecer no de manera suficiente-, que esta crisis adquiere en España ciertas peculiaridades que contribuyen a agravarla con respecto a la que sufren países de nuestro entorno (construcción, turismo, baja cualificación, falta de competitividad, etc…).

Son estas circunstancias singulares las que nos van a exigir un mayor y más sostenido esfuerzo que al resto de nuestros colegas europeos – más avanzados- para volver a incorporarnos de nuevo a la senda de desarrollo por la que hemos transitado los últimos años. Acentúa la gravedad del problema en nuestro caso, el hecho de que esta crisis sobreviene, súbitamente, cuando España cabalgaba a lomos de un tsunami de aparente progreso, que a punto estaba de abducirnos a un plano de la  realidad verdaderamente insostenible.

Las generaciones más mayores no han tardado en asumir la situación, pero a los más jóvenes les llevara más tiempo el hacerlo.

Cómo adaptarse rápidamente a semejante turbulencia, cuando se carece de memoria histórica y de repente, se ven frustradas tantas ilusiones y expectativas acumuladas durante años…

Hoy por hoy, no está nada claro cuando podrán retomar sus ilusiones y si, cuando sobrevenga la calma, las mantendrán todavía  vivas. Sin embargo, no tendrán más remedio que entenderlo. No hay nada más expeditivo que la falta de medios y de recursos, para asumir  la realidad en su crudeza.

Las medidas

Primer acto. Zapatero ha enunciado una estrategia para encarar la situación que pasa básicamente, por dos fases. En primer lugar, parar el golpe, reforzando a la banca y atendiendo al desempleo. Para ambas cosas ha habido, hay, que recurrir al endeudamiento, aspecto que forma parte de la estrategia, aunque, a su vez, genera un segundo y transcendental problema a largo plazo. Existe una clara conciencia de sus efectos, pero estamos en una situación de suma emergencia. Esto es lo que hay, además, por supuesto, de esperar a que la economía internacional se reactive y comience a tirar  de la nuestra.

Si no hubiera más, esto, evidentemente, sería pan para hoy y hambre para mañana. Ya lo sabemos. Pero el planteamiento, como medida de choque, es correcto y razonable.

Segundo acto. Para encarar el mañana, que será distinto al ayer de referencia, el gobierno ha presentado ya un borrador sobre la Ley de Economía sostenible.  El texto contiene una serie de disposiciones muy ambiciosas que afectan casi todas ellas a la economía española de manera transversal o, si se prefiere, general. Si se abarata el coste de la energía, si rebajamos los índices de contaminación, si eliminamos trámites para la creación de empresas, si imponemos una mayor austeridad a las administraciones públicas, etc, etc…, estamos adoptando medidas que afectan tanto a la economía de las empresas como a la de las familias. Es decir, al conjunto del país.

Dicho sea de manera muy, muy sucinta.

Después hay que comprobar qué sectores económicos han aguantado mejor la andanada, para fortalecerlos y, juntamente con otros de nueva creación, comenzar a reactivar la producción. Nadie duda a estas alturas que el futuro de nuestra economía pasa por multiplicar los esfuerzos y los recursos en materia de investigación, innovación, nuevas tecnologías, energías alternativas, etc…De eso nos habla el proyecto de economía sostenible.

Con esta iniciativa se pretende llegar a transformar nuestro sistema productivo, lo que llamamos patrón de crecimiento. Es decir, si queremos continuar progresando al mismo ritmo que lo hagan las economías occidentales con las que hoy por hoy estamos homologados, tenemos que cambiar en buena medida nuestra manera de ganarnos la vida. En realidad, no es la primera vez que lo hacemos. El país ya tuvo que asumir profundos cambios estructurales en su sistema de producción a partir de los años sesenta, cuando comenzó el fenómeno migratorio interno del campo a la ciudad. Proceso de transformación que no terminó hasta los ochenta con la vuelta de tuerca de la reconversión industrial. Ahora, ciertamente, va a ser más complicado, porque la crisis se ha precipitado sobre nosotros y no hay mucho tiempo para pensar y adoptar las decisiones adecuadas.

Históricamente, estos marrones siempre les tocan a los gobiernos de la izquierda. Es su Sino. Y no va de coña.

La sociedad de mercado nos exige ser competitivo: producir bien, producir barato y saber vender lo que se produce en un marco de altísima competencia. Producir bien es también, y cada día más, disponer de y ofrecer buenos servicios. Todo lo cual nos exige un extraordinario esfuerzo en materia de formación y de cualificación, tanto si vamos a trabajar en “la red” como si vamos a hacerlo en el subsuelo.

La información

Como los cambios que se requiere introducir en el sistema no se pueden improvisar, hace falta en primer lugar que el personal tenga las ideas claras. No solamente aquellos que generan la información, sino también los que la van a recibir. O sea que está por hacer un esfuerzo explicativo y pedagógico que, en modo alguno se puede soslayar. Sólo si la ciudadanía entiende de qué se le está hablando y se inyectan en el tejido social las necesarias dosis de motivación, se podrá obtener su colaboración y contribuirá activa y conscientemente a la tarea esforzada a la que se requiere.

Algunos problemas.

El desarrollo de este plan exige consenso, acuerdos, entendimiento entre todos los sectores socialesque configuramos y articulamos el país: gobierno, oposición, sindicatos, empresarios y todos los organismos sociales que quieran incorporarse para tirar del carro, juntos y, a ser posible, en la misma dirección. Ya veremos.

Zapatero cuenta con pocos activos, pero los que tiene no son  nada desdeñables. Un Partido Socialista unido tras él y los Sindicatos, con los cuales ha podido sintonizar porque ambos interpretan, junto a una gran mayoría del país que habitualmente no aparece en los medios de comunicación, que los trabajadores, asalariados en general y pequeños empresarios no tienen ninguna responsabilidad en la generación de la crisis. Sin embargo son los que con mayor crudeza están sufriendo sus efectos.

Es previsible, además de deseable, que las Organizaciones empresariales y los sindicatos alcancen un acuerdo que contemplará entre otros aspectos, algunos que afectarán a la reforma laboral. Por otra parte, estoy convencido de que  la sociedad civil, globalmente no tendría ningún reparo en  llevar a cabo el esfuerzo que fuese necesario si es el conjunto del país, o una gran mayoría la que se implica y asume el compromiso como propio.

Nos queda, pues, la actitud de la Oposición, y en particular la Oposición del PP, en cuyos planes no entra en modo alguno, porque no cabe en su estrategia electoralista,  situarse al lado del Gobierno. Y ello, aunque sea el bienestar social general, el que está excepcionalmente amenazado, víctima de una enfermedad que podría dejar inevitables secuelas en el sistema.

Es, como digo, cuestión de estrategia política. De dudoso contenido ético, si se quiere, pero lícita, por supuesto, desde el punto de vista democrático. Rajoy espera que aumente el número de parados, que se multipliquen los problemas y, si es posible que lleguemos a las próximas elecciones antes de que la recuperación económica empiece a recortar el número de desempleados. Esa, al menos, parece ser su opción. Situarse frente al gobierno, no dar tregua y fustigar con su retórica cargada de demagogia, y no exenta de mentiras (tomates), hasta que los tiempos cambien.

Ciertamente Rajoy, y “su tropa”, también asumen sus riesgos. Cuatro años largando por esa boquita, sin dar alternativa alguna y con la que tiene montada dentro de su Partido – que todavía no ha acabado-, pueden hacer que el cinismo, la demagogia y la pachorra deriven directamente en el ridículo. Lo cual sería nefasto para el PP y, en particular, para su persona. La falta absoluta de liderazgo que viene evidenciando ante los sucesivos escándalos y luchas intestinas de su Partido no contribuyen a fortalecer precisamente su imagen ni ante el conjunto de los españoles ni ante su propia gente. Pero, quién sabe, seguramente él está haciendo lo único que puede y, posiblemente, sabe hacer: aguantar, mirar para otro lado, calumniar y culpabilizar al gobierno e intentar ganar por aburrimiento.

Epílogo

De aquí al verano tenemos dos grandes acontecimientos políticos por delante: la Presidencia de la Unión Europeay la puesta en marcha de la Ley de Economía Sostenible.

Se supone que respecto al primero, la Presidencia de la UE, existe un pacto de no agresión entre las fuerzas políticas. Ya veremos si se cumple. Me estoy acordando del Alakrana, los cooperantes recientemente secuestrados,  Haidar, los tomates, etc…

Hay otro elemento sensible y perturbador que también se hará notar ya a lo largo del primer semestre del próximo año. Como quiera que el 2010 supone la antesala de las elecciones municipales de 2011, es de suponer que las primeras refriegas no se harán mucho esperar. Por más que se reactive la economía – todos los indicadores parecen anunciarlo-, no es previsible que se reduzca el desempleo. Hay que tener en cuanta a las personas que han perdido su trabajo, pero también a las que se hubieran incorporado a lo largo del 2009 en circunstancias normales y las que lo harían en el 2010, si se dieran condiciones. O sea, que las dificultades económicas de un amplio espectro social no sólo se mantendrán, sino que es muy posible que empeoren. Un año, difícil para mucha gente y, sin duda, temible para el Gobierno.

Espero que Zapatero, al que le deseo salud y fortaleza de espíritu para el 2010, tome la iniciativa a primeros de Enero y no la suelte hasta el 31 de diciembre. También espero que halle a las personas que sean capaces de transmitir, no ya optimismo – podría resultar patético- , pero sí esperanza e ilusión por un futuro mejor. Porque eso, y no otra cosa sería lo que  nos aguarda si fuéramos  capaces de sintonizar el esfuerzo de todas nuestras instituciones y el buen juicio de una mayoría de españoles preocupados, más por el futuro del país y el de sus hijos que por el cambio de gobierno dentro de dos años y medio.

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