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Ciudadanos, Ganemos, Podemos, Somos…

tartas-con-margaritas-de-coloresDe aquí a la primavera está prevista la cristalización de nuevas candidaturas políticas dispuestas a concurrir en las próximas convocatorias electorales.
Casi todas ellas o, al menos, las más conocidas, pretensiones transversales aparte, tienen querencia hacia la izquierda. De ahí que su potencial caladero de votos, indignados o no, proceda de la nebulosa abstencionista y de la cantera de votantes de otras formaciones de izquierda. Muy particularmente de IU y del PSOE. También pueden atraer a gente rebotada no adscrita, en cuyo caso sus tentáculos podrían arañar incluso, las hoy desencajadas puertas del PP. Veremos.
El primer rasgo diferenciador, no sé si de ruptura, que observamos al acercaron a estas formaciones, son sus nombres. Escuetos y, en general, integrados por un solo vocablo, sustantivo o verbo: Ciudadanos, Ganemos, Podemos, Somos…En general prescinden en sus enunciados tanto de la palabra Partido, como de los calificativos más o menos clásicos que acostumbra a llevar colgados.
Todos ellos tratan de introducir cambios en el sistema político. Unos para regenerarlo, otros para dinamizarlo y otros, simplemente, para hacerse un sitio en el mismo. Para ello, y en general, entonan un cántico de pocos acordes, que suena francamente bien, pero del que apenas conocemos la letra. Suponemos que son conscientes de ello y nos la darán a conocer los próximos meses.

De momento, no solo han avivado la esperanza e incluso la ilusión en amplios sectores de la sociedad, sino que han forzado a todos los partidos del espectro político a romper sus inercias, revisar sus actitudes y modificar sus estrategias. En definitiva, a ponerse en posición de alerta. Todo lo cual resulta muy saludable tanto para la democracia como para el Estado de derecho.

Estamos viviendo unos tiempos muy de presente de indicativo, de autoafirmación. Muy de Carpe diem. Parte del personal asocia el actual barrizal con los polvos del pasado, representado, en general, por la generación que contemporizó, padeció o combatió el franquismo y posteriormente articuló la Transición. De alguna forma vienen a detestar ese pasado del que son herederos o, mejor dicho, aquello en lo que ha derivado dicho pasado, y a las personas e instituciones a él asociadas. Entre otras cosas porque consideran que esas gentes y su manera de utilizar o servirse de la política, además de enfangarles el presente, les han arruinado el futuro, en sus anhelos y aspiraciones. Ya sabemos, aunque no sea cierto, que el futuro es de los jóvenes, razón por la cual es este sector social el que parece sentirse más defraudado y movilizado. Aspecto éste que, a mi juicio, no deja de tener su punto positivo y gratificante. Hablamos – no ex cátedra- de prácticamente una generación que durante años repudió y se desentendió de la política y que ahora se percata de cuáles están siendo los efectos de ese desapego, y razón por la cual, al fin, han decidido reaccionar. No solo tienen que hacer frente a una realidad en cuya conformación no han participado y en donde se les ha proporcionado unas herramientas y destrezas que ahora no les sirven para alcanzar sus objetivos vitales, sino que además se tienen que sacar las castañas del fuego.

Los deseos de cambio parecen cada día más evidentes, más patentes. A ello está contribuyendo, como se sabe, el inagotable surtidor de casos de corrupción –más en el PP que en otras formaciones políticas, pero da igual, a estos efectos- que, cuanto más fluye, más apuntala y fortalece a este tipo de nuevas opciones políticas. Eso y la actitud que ante el nuevo fenómeno adoptan tanto determinados medios de comunicación como el resto de los partidos. Hoy por hoy, muy a la defensiva.
Aunque, como todo el mundo sabe, el paradigma de este nuevo modelo de Partido es Podemos, hace ya tiempo que proliferan a lo largo y ancho del Estado multitud de movimientos políticos a escala local. No sé si a su imagen y semejanza o, simplemente, a su rebufo, pero lo cierto es que si surgen es porque se dan condiciones para que así sea. Con mucha probabilidad van a cambiar el mapa político de Corporaciones locales y Comunidades Autónomas; aunque sería prematuro establecer predicciones acerca de la naturaleza y alcance de los cambios, antes de acudir a las urnas y asistir al posparto electoral. Es decir, qué fuerzas políticas van a salir beneficiadas o damnificadas tras el bautismo de urnas de estas nuevas organizaciones.
Hasta entonces queda todavía un largo trecho y un extenso guión; con algunas situaciones que son previsibles y otras que lo son menos.
Entre las previsibles está el castigo mediático al que va a ser sometido el buque insignia de estas formaciones, Podemos, desde todos los flancos imaginables, de aquí hasta las elecciones. Está claro que preocupan, y mucho, no solo a los políticos, sino también a los jefes-jefes. Hay que tener en cuenta que lo que pretenden estas nuevas fuerzas políticas es, en definitiva, desplazar y ocupar el espacio que en la actualidad está ocupado por otras. Es decir, trastocar el orden establecido. Y sería absurdo pensar que ese tipo de aspiraciones no generase consecuencias. En este sistema o en cualquier otro.

También entra dentro de la lógica política que pierdan parte de los apoyos que hoy concitan, a medida que se vayan pormenorizando tanto el carácter de sus objetivos como, muy especialmente, la manera de materializarlos.
Mientras tanto, los otros Partidos están reaccionando, están reconociendo parte de sus errores y equivocaciones e incluso llegan a pedir perdón. Aunque algunos en el fondo piensan que no es para tanto…Sobre todo si todo el revuelo se queda en la casa de la Izquierda.
El camino que queda por recorrer es desde mi punto de vista más analógico que digital. Es decir, existe un realismo no virtual y poco mediático que todavía no ha jugado sus bazas y ese terreno diría yo que es más propicio para las unidades de élite y las tropas de los Partidos clásicos y consolidados, que para los de nuevo cuño. Esa sería una de las incertidumbres, que junto al grado de credibilidad que sean capaces de transmitir estos Partidos, constituyen los elementos que, a mi juicio, resultarán más determinantes a la hora de ir a votar.
Aunque de aquí a las elecciones surgirán, con toda seguridad, muchas situaciones inesperadas que habrán de ser encaradas sobre la marcha.
La política vuelve a ser fuente de grandes emociones. Seguramente porque en esta ocasión, las nuevas circunstancias han ensanchado el cuadro de temores e ilusiones que habitualmente suscita.

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