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Cambio de frecuencia

La vida adquiere durante algún tiempo el carácter de una expedición militar de conquista, mediante la cual se alcanzan objetivos, se invaden territorios y se adquieren derechos. Cuando esto sucede, intentamos dejar constancia de ello, tal como lo hacían aquellos mineros afectados por la fiebre del oro, sólo que en nuestro caso, no acudimos al banco, sino al  Registro social. Como es sabido, los humanos dedicamos una gran parte de nuestras energías a tomar posiciones ya que de ellas se deriva algo a lo que acostumbramos a otorgar un extraordinario valor: el estatus.

Ocurre, sin embargo, que toda labor de conquista suele exigir  un posterior proceso de cultivo o colonización que, de no llevarse a cabo, puede convertir en inútiles todos los esfuerzos y sacrificios que normalmente entraña alcanzar las metas u objetivos que nos marcamos.  Y es ese proceso, en definitiva, el que verdaderamente permite consolidar los progresos en el avance, recoger frutos  y alcanzar un valor posicional desde el punto de vista social.

En esta segunda tarea regeneradora, somos invitados a mirar atrás para  tratar de encontrar  todo aquello que en su día dejamos de lado a nuestro paso, cuando las prioridades eran otras. De nada servían en aquel momento los destellos y  señales que emitían frente al magnetismo irresistible de la tierra prometida.

Un buen día, al detenernos y acercarnos a ellas, descubrimos mundos desconocidos que, sin embargo, ya estaban ahí, a la espera de ser explorados. Es el cambio de frecuencia lo que nos permite sintonizarlos y adentrándonos en ellos, descubrir rincones y potencialidades de nuestro propio ser que antes no habían sido activadas y corrían el riesgo de atrofiarse por desuso.

Yo creo que todavía no he llegado a ese estadio, pero lo intuyo o lo vislumbro  a medida que voy levantando el pie del acelerador. Poco a poco el paisaje se va trasformando y sin darte cuenta vas cambiando los placeres que proporciona la velocidad por los que pone a tu alcance la contemplación. A veces se disfruta más en el asiento de al lado. Cuando esto ocurre el tiempo ya es otro y lo que antes era una nebulosa un tanto amorfa y distante casi sin darte cuenta ha adquirido vida y movimiento. Desconozco todavía la verdadera capacidad de seducción de este tiempo nuevo.

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