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Arturo Auré (Del frisel al zufarico)

Hace unos días, mientras decíamos adiós a Arturo Auré, tuve la sensación de que con él desaparecía  parte de la reciente historia de Zuera y, por supuesto, un trozo de la calle Mayor. No era para mí nuevo ese sentimiento, lo había experimentado antes con otras personas. Recuerdo sobre la marcha a  Mariano Sancho y a Paco Val, ambos por motivos diferentes, aunque convergentes en el tiempo.

Arturo Auré fue una de las personas que antes entraron a formar parte de mi universo visual, y ello por dos motivos distintos, porque nuestras respectivas familias vivían la una enfrente de la otra y en segundo, claro está, porque era el pastelero. Esta segunda razón en realidad no me afectaba sólo a mí, sino a todos aquellos, críos y chavales, que en un momento dado accedían a su bautismo de dulce. A esas edades sólo se veía el primer plano, el de los caramelos, chupones y regalices, pero la silueta, todavía borrosa, que aparecía tras ellos era la de Arturo. Sólo eso ya le hacía ser una persona un poco especial o, si se prefiere, importante, un personaje.

Con el tiempo fui – o fuimos- descubriendo otras facetas de su personalidad que le hacían aparecer ante mis ojos como una persona amable, cercana, conversador infatigable e impenitente segui-sufridor del Real Zaragoza.  En fin, son incontables los recuerdos y las anécdotas  suyas  que acopio y sólo puedo decir que hasta pocos días antes de su muerte, siempre que nos encontrábamos nos alegrábamos de vernos.

Arturo ha sido un emprendedor modélico de los que aportan sustancia y sentido al tejido en el que se desenvuelven. Ha sabido conjugar eficazmente la tradición con la innovación y lo ha logrado a base de imaginación y constancia en el trabajo. Ha tenido la fortuna, eso sí, de ver su esfuerzo reconocido en vida, tanto por parte de organismos  Oficiales como de los empresariales de su sector, y tanto por ello como por la calidad de su trabajo ha contribuido a  resaltar y prestigiar el nombre de Zuera.

Sin embargo, estoy seguro de que el mayor orgullo o la mayor satisfacción se la habrá proporcionado el hecho de que sus hijos y su nieto hayan tomado el testigo de su profesión y de que al hacerlo su herencia profesional no sólo no se haya resentido, sino que incluso se haya mejorado y diversificado.

Efectivamente con él se va también parte de una generación de excelentes profesionales que durante un par de décadas, hicieron de Zuera un pueblo más vigoroso y competitivo, más atractivo. Hombres y mujeres que van despareciendo, pero cuyo legado debería honrarnos conservar en la memoria, tanto por cuanto contiene de progreso y avance como de ejemplaridad y estímulo de cara al futuro

A Carmencita, Mª Carmen, Mª Salz, Arturo y José Antonio

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