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Vale la pena verla

http://www.javierpuyuelo.es/wp-content/uploads/2009/10/%C3%81GORA.jpgA pesar de haber leído previamente diversas opiniones, algunas de ellas contradictorias, acerca de las diversas lecturas que la película ofrece, acudí a ver Agora con actitud desprejuiciada. Sabía que se trataba de una superproducción de género histórico, ambientada en la Alejandría del siglo IV de la era cristiana, pero que no era una “de romanos”. Por lo tanto sentía una gran curiosidad.

Y la verdad es que me gustó, aunque, ciertamente, no hasta el punto de entusiasmarme. Sin embargo, sí que debo reconocer que encontré en la película múltiples valores, comenzando con el “pecho” que ha tenido Amenábar, para acometer un cambio de registro tan rotundo y atrevido, con respecto a su anterior filmografía.

Descubrir el personaje de Hypatia, magistralmente interpretado por Rachel Weisz, me resultó verdaderamente revelador, aunque no fuera este aspecto, y todo lo referente a la astrología, lo que mereciera más mi atención. Sin duda lo que da más sentido a la película, al menos ante mis ojos, es la valiente incursión que Amenábar hace en el laberinto de la intransigencia y el fanatismo religioso, así como el asalto al poder de los teócratas, con el que viene a escenificar la superposición de la religión sobre el Estado. Resulta todo tan “contemporáneo…” Y no es porque perviva todavía entre nosotros, me refiero al mundo occidental, ese modelo de poder, sino porque  como actitud subyacente, y no tan subyacente, no resulta difícil encontrar paralelismos entre lo que estamos viendo en pantalla y ciertos comportamientos que casi a diario identificamos en importantes sectores de nuestra sociedad: intransigentes, excluyentes, poseedores de verdades absolutas…

Al margen de la puesta en escena, algunos de cuyos aspectos más ambiciosos resultan también  discutibles, ya sabemos que la épica solo está al alcance de los presupuestos norteamericanos, el tratamiento que hace del choque a muerte entre religiones, paganos, judíos y cristianos, resulta dramáticamente creíble.

La película, en definitiva, a pesar del componente espectacular que encierra, no llega a divertir al modo de los famosos “peplum”, pero sí mantiene la atención, ilustra y contiene una invitación a la reflexión, que en estos tiempos que corren me pareció un valor añadido.

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