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A Europa, vía Ramonville Saint Agne

El alcalde de Ramonville, Pierre Cohen entrega la llave de su ciudad al alcalde de Zuera, Javier Puyuelo

El alcalde de Ramonville, Pierre Cohen entrega la llave de su ciudad al alcalde de Zuera, Javier Puyuelo

Se cumple por estas fechas el veinticinco aniversario del hermanamiento entre el municipio francés de Ramonville St. Agnes y la Villa de Zuera. Un encuentro surgido de la voluntad de los primeros ayuntamientos democráticos y del magnetismo que la idea de Europa ejercía en aquel momento sobre nuestro país.
El deseo de hermanar a los ciudadanos, pueblos y municipios de Europa tiene su origen en la segunda guerra mundial. Para ser más exactos, en la postguerra. Y fueron los propios países contendientes, en especial Francia, Inglaterra y Alemania, los impulsores del proyecto. Se pretendía de esta forma acercar a las gentes de los países otrora enfrentados, promoviendo entre ellos programas de desarrollo compartido y, en cierto modo, crear un antídoto que contribuyese a neutralizar los riesgos de futuros conflictos entre las naciones europeas.
Para los españoles la posibilidad de incorporarse a una empresa tan atractiva y sugerente llegó con la democracia, pero no comenzó a proliferar hasta pasado un tiempo, cuando las primeras corporaciones democráticas habían comenzado a tener la casa aseada. Por aquellos años Europa toda, pero sobre todo “la Francia”, era para muchos de nosotros lo más parecido a la Tierra de promisión de la que le habló Dios a Moisés. Allí se rendía culto a la democracia, la libertad y los derechos sociales. En otras palabras, al progreso. Durante muchos años, aquella imagen que hoy reconocemos exaltada y mitificada de Europa ha supuesto todo un estimulante símbolo que el tiempo y, de manera especial, los últimos sucesos corren el riesgo de desmoronar.
Contemplar a diario las terribles escenas de los refugiados a los que se les niega refugio o las escandalosas imágenes de los energúmenos hinchas del fútbol humillando sin recato y por mera diversión, a seres indigentes e infortunados no solamente produce asco y vergüenza, sino que nos proporciona una dosis de insufrible realismo. Sin embargo, lejos de caer en el desánimo y la resignación, deberíamos subir la guardia y conjurarnos por revitalizar los valores y los derechos que, a pesar de los acontecimientos, continúan siendo parte fundamental de los rasgos distintivos de unos países que se autodenominan civilizados.
En esta tarea que a todos concierne, los lazos de unión que los hermanamientos crean, que abarcan desde las relaciones personales de amistad a las sociales e institucionales, pueden suponer también verdaderas plataformas de inflexión. Marcos desde los cuales desde lo más hondo de las conciencias surjan voces que reclamen el reforzamiento de los valores y derechos humanos, sin los cuales todo lo demás pierde sentido. Palabras, manifiestos, tomas de posición, gestos visibles de esos que, al parecer, nuestra sociedad anda hoy tan necesitada.
Como testigo y partícipe de la puesta en marcha de aquella aventura fraternal que comenzó hace veinticinco años entre los pueblos de Ramonville y Zuera, deseo agradecer y dar la enhorabuena a todas aquellas personas de ambos lados del Pirineo que han hecho posible el mantenimiento de los vínculos entre ambos municipios. Merced a su comprometida labor, lo que inicialmente fue un ilusionado empeño se ha convertido en una experiencia gratificante y enriquecedora para ambas “villes”. Pero también y muy especialmente para todas aquellas familias que se han sentido y se sienten felices abriendo sus casas y acogiendo en ellas, ora a los hermanos Ramonvilloises, ora a los zufarienses. Larga vida a los anhelos de libertad, progreso y amistad entre los pueblos de Europa.

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