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15 de Agosto. Se acercan Las Fiestas

Si me dejo llevar, todavía percibo en el aire ese aroma encantado que precede la llegada de las fiestas. Se apodera de las calles apenas comienza el mes de Agosto. Es entonces cuando determinados rituales hacen su aparición agitando una categoría de emociones que solo brotan por estas singulares fechas.

El aseo de las casas, que recibirán huéspedes, las compras previsoras, el ir y venir de los proveedores surtiendo bares y tiendas, el ornamento callejero… Son estampas que estimulan los ánimos y cristalizan  en un deseo generalizado de pisar la calle y salir al encuentro con los otros. El sentido de comunidad aflora y una gigantesca y desinhibida sonrisa parece invadir hasta los últimos rincones de la Villa.

Las ilusiones que emergen alcanzarán su momento culminante cuando estalle la fiesta. El ambiente se mantendrá álgido, envolvente y contagioso durante los dos o tres primeros días, consumidos los cuales el cansancio mitigará su ímpetu que sólo repuntará cuando la fiesta a punto esté de dar sus últimos estertores. Entre los más jóvenes, de la mano de la fatiga sobrevendrá la nostalgia, ese regusto agridulce que dejan a su paso los momentos felices, y en aquellos otros que hace tiempo dejaron de serlo, el alivio.

Hace tiempo que no participo como en otra épocas de la intensidad de las fiestas, pero me sigue complaciendo que la gente las espere y las disfrute con la vehemencia del neófito que las vive por primera vez….

Desde que adquirí el rango de figurante en el magno espectáculo que deparan las alegrías compartidas, no deja de sorprenderme lo eternamente joven que se muestra la calle Mayor, su incansable juventud. Tuve la oportunidad de experimentar sensaciones semejantes durante mi etapa docente. Seguro que a miles de profesores les resultará familiar. El paso del tiempo que en todos hace mella parece desentenderse  de las aulas que año tras año se renuevan exhibiendo una juventud imperecedera y casi insultante.

Y es ese sentimiento en cierto modo nostálgico –sólo en cierto modo- el que me invade al contemplar el entusiasmo con el que otras gentes, otras generaciones se adueñan de los lugares, los mitos festivos y las costumbres, manteniendo vivas las tradiciones a base de experiencias aparentemente únicas e intransferibles.

Se diría que el calendario no rige en el transcurso de ciertos acontecimientos que, a pesar de su carácter cíclico y reiterativo, tienen la virtud de revitalizarse con la aparición de nueva savia que tonifica viejos hábitos de comportamiento recordándonos aquello que algún día fuimos y que, con toda certeza no volveremos a ser.

Años atrás todo empezaba con un cálido olor a magdalenas y encanelados.

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