A sample text widget

Etiam pulvinar consectetur dolor sed malesuada. Ut convallis euismod dolor nec pretium. Nunc ut tristique massa.

Nam sodales mi vitae dolor ullamcorper et vulputate enim accumsan. Morbi orci magna, tincidunt vitae molestie nec, molestie at mi. Nulla nulla lorem, suscipit in posuere in, interdum non magna.

¿Incompetencia o virtud?

Uno de los métodos que más eficazmente contribuyen a arrojar buenos resultados en cualquier tipo de actividad profesional o institucional y resaltar así, la calidad de nuestro trabajo consiste en rebajar el nivel de los objetivos a alcanzar. Hay quien para combatir la incómoda sensación de haberse engordado opta por comprarse unos pantalones de una talla menor. O viceversa, también hay quienes se embuten en prendas de tallas más pequeñas de las que necesitan porque de esta forma creen que consiguen enmascarar la realidad. Son situaciones unas y otras que se sostienen en actitudes de autocomplacencia que normalmente nos llevan a pensar e intentar hacer creer  que las apariencias son la esencia verdadera de las cosas. Todos sabemos que no es así, pero también sabemos del efecto que produce sobre muchas mentes aquello de las mentiras repetidas con insistencia: que a menudo cuelan y calan.

Todos los equipos del PP que han gobernado el Ayuntamiento de Zuera han respondido fielmente a un principio básico de incompetencia. Al menos en cuanto concierne a la gestión eficaz de los recursos públicos y al ejercicio de la transparencia exigible en cualquier tipo de actividad institucional. Podríamos decir, y para ello basta con echar un vistazo a las liquidaciones de todos los presupuestos por ellos aprobados que esa incapacidad para cumplir los objetivos que ellos mismos se marcan, acaba resultando algo consustancial a su manera de gobernar. Un verdadero rasgo identitario. Y esto es así tanto si el hecho responde a una cuestión de voluntarismos, es decir, de querer y no poder, como si se ajusta a la deliberada y fraudulenta determinación de aprobar unos números que no se tiene previsto cumplir.

Aunque, en el fondo, tal vez la cosa sea más simple. Así como la izquierda se siente impelida a establecer una línea de coherencia entre sus hechos y el discurso de que han sido precedidos, no ocurre lo mismo en la concepción, los hábitos y los comportamientos políticos de la derecha. En ésta los hechos son algo autónomo del discurso, que construye pensando no tanto en solucionar los problemas que la sociedad tiene planteados cuanto en alcanzar el poder a cualquier precio. Incluso, como ya hemos podido comprobar en ocasiones, poniendo en peligro la estabilidad institucional: “Que se rompa España, que ya la arreglaremos nosotros”. Montoro dixit.

Al discurso oportunista y sectario del que habitualmente se sirve, le sigue siempre un guión secular que consiste en anteponer los intereses de una parte a los del conjunto. De ahí que no sorprendan los incumplimientos en que incurren sistemáticamente y que su artillería mediática se encargará de justificar por el metódico procedimiento de batir a diario el territorio con incongruencias, mentiras y trágalas que normalmente culminan depositando todo tipo de culpa en “los otros”.

Irónico sería, no obstante, que las múltiples e imperativas limitaciones que la crisis nos está imponiendo terminaran por convertir en realismo y prudencia todos aquellos comportamientos que tiene su origen en el ya mencionado principio de incompetencia. De tal manera que la necesidad acabe por convertir en virtud lo que hasta ahora venía siendo objeto de vergüenza ajena, ya se trate de incumplimientos, favoritismos varios, abusos de poder, dejación de responsabilidades o ficticias y engañosas gestiones presupuestarias.

Como los acontecimientos a escala general avanzan en la línea de lo que son las líneas programáticas de los partidos liberal-conservadores, es decir, de derechas, no sería extraño que al final los únicos perdedores desde un punto de vista político continuaran siendo los partidos de Centro-izquierda, que no solamente hoy en día no constituyen  alternativa, sino que además da la  sensación de que van al rebufo de los acontecimientos. Más o menos como Rajoy, aunque éste tiene quien le mande lo que debe hacer, para suerte suya y desgracia nuestra.

No está nada claro, hoy por hoy, que el voto que algunos denominan volátil, y que en las últimas elecciones se posó en la cubierta del PP vaya a desembarcar en las próximas en los feudos de la izquierda, por muy defraudado que esté de la experiencia vivida. Por otro lado, aunque a estas horas se haya hecho más que evidente la gran farsa que nos tenía reservada el pusilánime y mentiroso Mariano, no es razón suficiente para que tal circunstancia haga mella en el grueso del electorado clásico del PP puesto que, en situaciones como la actual, la  derecha acostumbra a tener mucho más claro a qué juega,  que la izquierda.

Se están produciendo en la sociedad española transformaciones que están incidiendo de forma regresiva, no sólo en su calidad de vida y en el ejercicio de derechos que creíamos consagrados, sino  en su escala de valores. La incertidumbre y el miedo nos hacen no sólo más individualistas y desconfiados, sino también más vulnerables. De tal manera que mucho me temo que el desguace de nuestros niveles de bienestar, que nos intentan vender como un imponderable coyuntural, será asumido por la siguiente generación como algo natural o consustancial a la época que les ha tocado vivir. Es cierto que la historia da dos pasos adelante y uno hacia atrás.

Leave a Reply

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>