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¡A por la crisis!

Uno de los retos más interesantes que nos plantea la inmediata campaña electoral autonómica y municipal, tiene que ver con la excelente oportunidad que supone para aportar  ideas nuevas. Es decir, novedosas, acordes con un momento tan especial, y espero que también tan excepcional, como el que estamos viviendo.

Creo que a nadie se le escapa ya que la recuperación económica que el país tanto necesita para salir de la situación en la que estamos inmersos, no es cosa ni de dos ni de cuatro años. Son los nuestros, problemas viejos, de estructura, y hacer acopio de las energías necesarias para reactivar el sistema y situarlo en el nivel de competitividad que el nuevo orden mundial nos exige va a requerir de un esfuerzo y una implicación de todos los sectores sociales del que no tenemos referentes en nuestra más reciente historia. O sea que el camino, no sólo será largo y tortuoso – ya lo está siendo-, sino que además, en buena medida, está por  inventar.

Se impone, pues, reflexionar seriamente acerca de cuál debe ser el papel a desempeñar por cada agente social en este periodo de tránsito en el que ya andamos metidos y, de manera especial, el de las administraciones públicas.  Pero, no deberíamos quedarnos ahí. Porque sería muy conveniente en este caso, que lleváramos  el alcance de la reflexión hasta el terreno de las actitudes y comportamientos personales con las que cada cual podría contribuir a crear  estímulos y generar la actividad neuronal que el país necesita en un momento como éste. No creo que haga falta recordar  que “nuestro país” somos nosotros, nuestros hijos, nuestros amigos, nuestras organizaciones y, en fin, todos esos circuitos más o menos concéntricos donde a diario libamos afectos, esperanzas e ilusiones. En el fondo se trata de proponer aquello que en su día ya planteara Kennedy a los norteamericanos “no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”.

Aunque la letra del mensaje suene un poco a arenga política, lo que transmite la música, sin embargo, va mucho más allá. La melodía  nos  invita al compromiso, a la solidaridad, a la creatividad y al esfuerzo. Es decir, a la acción. A no quedarse a verlas venir, sino a intervenir activamente en la solución de los problemas, siquiera sea a pequeña escala, allí donde nos encontremos.

En un sistema como el nuestro, al que denominamos de Mercado, la mayor responsabilidad a la hora de impulsar el desarrollo económico reside en las empresas privadas. Y a las administraciones compete el crear marcos y entornos de actuación dentro de los cuales dichas empresas puedan optimizar su funcionamiento. Esto es así en épocas de bonanza y lo es en mayor medida en periodos de turbulencia como el actual. En este sentido, el reciente acuerdo alcanzado entre el gobierno, los sindicatos y los empresarios es un indicador positivo de que la situación comienza, si no a encauzarse, sí al menos a disponer de bases sólidas para una futura y muy necesaria actuación concertada. Esperemos que a medio plazo dé sus frutos y que a corto, comience a producir efectos en el estado de ánimo colectivo que tan necesitado está de verdaderos estimulantes.

Mientras tanto, y como decía, urge que adoptemos comportamientos que nos alejen de cualquier tipo de resignación o abatimiento. Debemos interrogarnos en torno a  cuál debería ser nuestro rol, nuestra función, nuestra responsabilidad en ese futuro que empieza ya y al que inevitablemente habrá que aportarle dosis inmensas de imaginación, de compromiso y de constancia en el trabajo. Debemos tratar de encontrar nuestro propio encaje en la nueva situación, al margen de que se disponga o no de trabajo. Aunque es obvio que no es lo mismo. Lo que quiero decir es que no debemos esperar a que nuestros problemas se solucionen por sí solos o a que nos los solucionen otros. Lo cual viene a ser  lo mismo.

Cada cual debería ser capaz y tratar de emprender su propio camino, crear sus propias iniciativas. Sean cuales sean, todas ellas van a precisar de amplias dosis de formación, de cualificación, de potencial competitivo y espíritu de superación.  Vivimos en una sociedad en la cual la formación es una tarea, un proceso, permanentemente inacabado, y quien así no lo perciba, no llegará muy lejos. Son los idiomas, es la comunicación, es el universo informático y digital, pero lo son también la curiosidad, la inquietud, la ambición por mejorar los activos y las destrezas que uno posee, en la búsqueda o a la espera de que encuentren acomodo en el mundo laboral. En el momento en que nos activamos intelectual e emocionalmente ya hemos comenzado  a transformar e incidir positivamente en  la realidad, porque comenzamos a irradiar esperanza y a generar energía positiva. Casi siempre, tanto los grandes como los pequeños proyectos arrancan por ahí, soñando, imaginando realidades distintas y haciendo acopio de energías y determinación. No sé si los jóvenes son conscientes de que, a pesar de las dificultades, éste es su momento, pero, modestamente, desde aquí me gustaría contribuir a hacérselo comprender. Son tiempos para emprendedores.

En este sentido resultarán determinantes las prioridades que en la gestión establezcan los poderes públicos para los próximos años, donde, sin duda alguna, las estrategias de empleo deberían tener el mayor peso específico. Analizar la nueva realidad, establecer ayudas a quien tenga iniciativas y racionalizar el gasto. Pero, sobre todo, será imperativo orientar todos los esfuerzos a formar, a cualificar y a modernizar, empezando, cómo no,  por las mentes y la percepción que tenemos del mundo que nos rodea que, no lo olvidemos, ya no es el mismo.

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